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Dioses del metal

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Crikrien
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Re: Nueva obra Remesa de mierda, último post

Mensajepor Crikrien » Jue May 29, 2014 1:04 am

Que ganas tengo de hundirme escribiendo esta puta obra.

Capítulo cuarto

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Un coliseo. Salzar. Él es el hombre.

La arena ruge esperando a su campeón. Ruge a Salzar.
-¿Sabes por qué Salzar es el mejor? -Pregunta Salzar mientras agarra el culo de una de sus rameras. -No mi lord, no lo sé.
-Si Salzar te ha follado ya no tienes que llamar a Salzar Lord, solo Salzar.
-Sí, mi lo.... sí, Salzar.
-Así me gusta, mi zorrita. Salzar es el mejor porque es Salzar. Salzar nació con los dones divinos. Salzar siempre vence. Salzar triunfa donde otros fracasan. El triste pasado de Salzar, fueron dichas y dichas. Jamás conoció mal alguno. ¿Sabes? Belleza, fuerza. Salzar recibió todo de los dioses y es adorado y amado por todos. Temido por sus enemigos y follado por hombres y mujeres. Hasta el más macho desea jugar con su boca lamiendo la polla de Salzar. Salzar es follable. Salzar es perfecto. -Le dijo Salzar besándola con fiereza. Al salir a la arena encontró a una multitud jadeando su nombre, eran millares en la gran arena, una arena con burbujas flotantes con niños encadenados. Las cinco grandes torres de la arena que tenían forma de concha en sus cúpulas. El gradería de mármol y ferro. Salzar alzó sus brazos con soberbia mientras su rival, un caballero escrupuloso rezaba a los dioses antes del combate.
-¿A quién rezas soldadito?
-A los dioses por la victoria.
-Salzar no oye tus rezos.
-No te rezo a ti imbécil.
-Si rezas a los dioses, rezas a Salzar. Me rezas a mí.
El caballero cogió su escudo y su lanza y corrió para matar a Salzar, quién lo esquivó y clavó sus dos espadas en el cuello del caballero. Salzar usaba un estilo de lucha a doble espada cuando se enfrentaba a humanos, pero guardaba un poder mayor para rivales de mayor categoría. Salzar jamás usó uno escudo o armadura. Mientras el caballero cayó al suelo, de la grada no todos sonrieron. Una mujer y su hijo lloraron amargamente. Aquel noble guerrero endeudado hasta las cejas tenía que servir a este vil espectáculo, su mujer y su hijo comerían un día más, pero desgraciadamente a costa de la vida de su esposo y padre. Entregado a la muerte y la sangre se vio obligado a combatir por dinero hasta que llegó el campeón. Salzar pisó la cabeza del caballero mientras su hijo de no más de diez años miraba. Sus ojos presenciaban el basto y cruel mundo en el que había nacido. Tan lleno de gloria para unos y tan miserable para otros. Una fortuna dispar de la que parece que nadie puede escapar si el tuerto mira en tu dirección. Su madre, aún con el dinero de su fallecido marido, tendrá que prostituirse. Chupando las pollas de viejos aburridos millonarios para llevar un plato de comida a su hijo. Rezando para que el mundo algún día encuentre algo de luz para sus deplorables vidas.
Una voz gritó.
-¡Seguro que no tienes tantos cojones contra el Dios de la sangre!
La multitud enmudeció y Salzar se enfadó.
-¿Quién ha dicho tal estupidez?
Al momento se contuvo y sonrió.
-Cuando quiera y donde quiera. Corred la voz. El Dios de la sangre es un chucho rabioso para Salzar Salzar no teme a nadie.
-Ellos vendrán a Niza pronto.
-En Niza estaré. En Niza mataré a ese vuestro terror. -Que Salzar no hablase en tercera persona mostró lo alterado que se encontraba de ver empañado su honor por semejante trivialidad andante.-





El día era hermoso. El sol brillaba intenso y las nubes pálidas de rojo permitían que los rayos parecieran prismas de todos los colores.

Un pequeño crío corría a través de las calles de Niza, donde los pobres son protegidos por la comunidad. Donde los refugiados acuden. Tras él una dama de cabellos violáceos le perseguía.
-¡Supul! -Gritaba.- Quédate quieto.
-Perdona mamá.
-No deberías estar solo por aquí.
-Ya... perdóname. ¿Cuándo volverá papá?
-Por mucho que vayas no vendrá antes. Papá se encarga de una misión muy importante.
-Lleva ya mucho fuera...
-Volverá.
-¡Red! -Gritó una voz a lo lejos.- ¡Son ellos han vuelto! Después de tres años de guerras. La marcha ha regresado. El cuervo.
-.... También...
-No lo sé. Corred.
El barco descendió dirigido por tres dragones menores de los que les regalara hará dos años la reina. Credo, Crido y Crudo. El león tenía una enorme cicatriz en la garganta y yacía con bastante menos pelo que antes. El águila ya no llevaba gafas y formaba con armadura de plata y hoces como armas. El cerdo había adelgazado y andaba a dos patas, sus músculos relucían como un dios férreo. Ahora tenía dos colmillos gigantes como los de un jabalí. Fumando apareció el lobo, que ahora tenía un aspecto mucho más tenebroso, llevaba un sombrero roto negro y su cuerpo había cambiado la piel a algo reluciente, como si todo un pelaje dorado le abrigase. De las sombras, la sierva, ahora conocida como la mujer que folla con la sangre llevaba entre sus brazos un bebé. Detrás salió al que todos temían, el dios de la sangre del que se contaban hazañas tenebrosas hasta ahora imposibles. El valedor de la victoria de los ángeles, miembro de los ojos que salvaron al mundo. Todos portaban un lazo blanco en recuerdo de Hocus que murió en batalla. Al fondo, como si el tiempo no pasase el Cuervo hizo acto de presencia y todos le vitorearon.

Después de ver cientos de muertos, esperaba más de la gran ciudad. El tiempo pasado me enseñó por los poderes del Cuervo lo que se suponía que defendía él. Por lo que estaba muriendo en el campo de batalla. El momento en el que vi la ciudad por medio del poder de El Cuervo me impresionó más que ahora.

-¿Es esta la ciudad de la que me hablaste? - Pregunté.-
-Sí, es esta. La macro ciudad de Niza. Nicrón es mi maestro. Él me enseñó todo lo que sé. Todas las mañanas damos el desayuno a los necesitados, al mediodía y por la noche. Se reúnen millones de refugiados de guerras, del ostracismo del sistema, de los reyes implacables. Les ofrecemos libertad, a cambio de comida y cobijo, ellos cuidan la ciudad. Nadie cobra por su trabajo. Intercambiábamos bienes, pero en ocasiones necesitamos comprar del exterior. Ahí intervenimos nosotros. Somos la élite. Nosotros conseguimos el dinero necesario para mantenernos protegidos, para lo que nos falte y por supuesto para evitar que los grandes fijen sus ojos aquí. Luchamos por esta gente.
-¿Tú? Esclavizas pueblos para liberar a otros...
-No espero que lo aceptes, solo espero que lo veas. Que veas con tus propios ojos lo que hacemos y porqué lo hacemos. Luchamos por aquellos que lo necesitan.
-Otros también lo necesitan.
-Ellos son quienes me necesitan a mí.
-Es un lugar inmenso.
-Es bella y también sacrificada.
-Y si no quiero ayudar a nadie.
-Vas a ser padre.
-Ya....
-Eso tal vez te cambié.
-No quiero cambiar. Es lo que nadie parece entender. Estoy en la mierda y el calvario y no deseo cambiar. Padecí el sufrimiento por esta empresa, pero realmente ¿Qué me importáis todos vosotros? No sois nadie. Para mí solo existe mi alma.

El engranaje del mundo era difícil complejo, pero los mercenarios del Cuervo junto al Dios de la sangre habían hecho que cambiase el rumbo de la guerra. Los ángeles dirigidos por el Noble y el consejo democrático habían tomado a su favor el reino de los gigantes, la casa de los nobles de Yrial, los valles del Hurdur, la ciudad-estado de Miltran, los terrenos montañosos de las tribus de Hazceros y Hizcuros. Por otro lado, la dama ángel en tierra del tomate gigante había tomado el control de los restos de las elementales del viento, aprovechándose del tirón había tomado las tierras del lago de Minterl, y tenía como vasallos al señor de Julzor y la señora de la casa Finestrey. Los mercenarios del Cuervo habían ayudado a los ángeles a obtener sus propósitos más allá de la frontera. Por otro lado la colación entre el Diablo blanco y el Arcángel caído había servido para llevar a la guerra a los nómadas del sur y a las casas de Nilcer y Andros. Sin embargo aún existían muchos territorios ajenos al conflicto y por supuesto alejados de uno u otro bando. De los dos reyes rebeldes como se les llama, apodados el eje del mal, aún no han entrado en batalla por ello las victorias aunque entre el populacho hayan otorgado fama para los mercenarios del Cuervo, no han significado tanto para los hechos de guerra. El Blanco sigue sin mostrarse y todos le temen y sobre el Arcángel caído.

Al fondo de esta habitación hay oscuridad y solo queda luz en mi cuarto. Una luz pequeña que me mantiene alerta, entre las sombras veo monstruos que dibujan mis ojos Son esas ilusiones como las de que allá a fuera habrá algo desconocido que encontrar. Por un lado desearía adentrarme a ver, por otro el temor me atenaza las piernas. Vi una playa en lo lejano de mi ser un día de invierno. Quise caminar por la playa un día de invierno. Hoy las luces se apagan. La depresión me devora a partes iguales, jugando a los pulsos con la sanguinaria sed que no se acaba. Parece que mi mandíbula está dolorida. Mis dientes se caen. Mis ojos se hunden en negro. No hallan un testigo más continuo de este río que se empeña en no desembocar. Un día de invierno. Lo que se desea y no se tiene. Cerraste los ojos y viste la playa, pero al abrirlos hay invierno ahí a fuera. Lo saben todos. Por eso nadie se acerca, no es cuestión, es un secreto a voces. Te haces mayor.
-Ey...
-¿Qué pasa?
-El niño llora.
-¿Y?
-¿No quieres ayudarme a dormirlo?
-No. ¿Quién coño querría hacer eso? Ya te dije que esa abominación no era de mi puta incumbencia.
-Lo sé...perdona...
-¿Por qué no sales de mi vista?
-Solo intentaba...
-¿Qué? ¿Qué coño intentabas? ¿Qué me sintiera bien por ver a esa bolsa orgánica llorando? ¿Qué me sintiera mejor sabiendo que soy el responsable de que miles de bastardos tengan para comer en esta mierda de ciudad? Cuando estaba en guerra no era feliz... pero al menos no pensaba. Lo llenaba todo de vacío y destrucción. Levantando mis brazos para que me maten.
-Yo estoy aquí...
-No, tú no estás aquí, te irás como todos. Siempre se van todos. Un buen día se aburren y se piran. Me dejan tirado y me hundo en la mierda más y me recuerdan porqué no hay que confiar en nadie. Porque es estúpido dar la posibilidad a nadie de entrar en mi mundo.
-No digas de eso.
-Me importas una mierda. Me voy a la fiesta privada que tenemos.
-No me gustan vuestras celebraciones.
-Me da igual.
Mi llegada había sido bien recibida, pero los festejos prohibidos para los habitantes habían comenzado. Todos me recibieron a media cabeza caída, con pocas palabras y gestos me dijeron hola. Ahora estaban ocupados, entré y tomé esa botella. Teníamos niños y niñas, mujeres y hombres, incluso ancianos esclavos recogidos de nuestras guerras. Gozaba el lugar de una mesa redonda donde podíamos lanzar cuchillos a los que quisiéramos y teníamos patente para golpear sin piedad a todos y todas las que allí estaban. El cuervo estaba sacándole los ojos a un bebé mientras los degustaba, decía que era lo que le mantenía vivo. El león tenía un harem de niñas pequeñas como su sobrina, todo su honor quedaba mancillado cuando atadas las obligaba a beber su semen en copas, mientras ambas se lamían el coño y se comían los dedos de niñas asesinadas. El lobo tenía a una rubia impresionante a la que azotaba en el culo, mientras arañaba su muslo y tiraba de su tanga hasta apretar su coño mojado. Mientras un joven musculado se masturbaba mirando. Allí estaba el reino del pecado. ¿Quiénes éramos? ¿Qué coño importa? No quería saber con qué gente me juntaba. No los podía conocer, si ellos no hablan por sí mismos nadie puede conocerlos. Solo puedes acercarte a la puta orilla. Nunca conoces a nadie, nunca le saboreas la sabia. Hasta el fin de su mundo. Estarás muerto antes de descubrirlo. Aunque hables con alguien nunca sabrás quién es. Nunca sabrás qué es. No somos sino la interpretación externa de lo que quieren deducir de lo que somos, por eso nuestras almas están sucias, porque la suciedad sale a relucir demasaido y todos ven que algo no funciona en nosotros.

La bacanal continuó. Bebimos la orina de aquellos niños y niñas, mientras nos masturbábamos, lo mejor era ver como el cerdo que antaño era un pacifista hijo de puta, ahora era un amante de la violencia y enganchado a las agujas y la magia negra. Tal vez, al narrar estos hechos en la mía testa sintiera el privilegio de expresar tal jolgorio gracil y único como lo hiciera el gran maestre de las letras el Marques de Sade. Mi pasado pletórico hacia la deriva me instigaba hacia ello, pero pudiendo usar la sonoridad basta en mi narración, que no omitía tampoco en detalle alguno y dejaba para otros, para mi cabeza la imaginación de la existencia que allí tuvimos el decoro y placer de disfrutar. ¿Por qué debiera enfriarme en tales artes del Rococó? Creando un arte de escritura hermoso pudiere entonces esclarecer los atroces actos que allí tuvieron acto. Dios mediante que no es mi devoción en estas lides la de mostrarme redundante, pero eso soy, sin más. Todas las decisiones que he tomado han visto la guía de la flecha marcada por los mismos errores redundantes, y sabe Dios que me importa tanto o menos que la nada lo que pudiera parecer mi desgracia de la repetición. La eterna espiral. La eterna demencia. Pues solo la violencia es digna de ser llamada la elección de los libres. Cayendo entre pasado, presente y presunción de futuro.


Mares de vida se deshacía entre putas y mierdas. Entre anos destrozados. Entre violaciones de la paz. Entre cogidas de vulgaridad. En un fajín de tenebrosa circunferencia esencial. Yendo más allá de la luna llena. Estamos ajenos. Limpios y renovados. Somos nuevos entre cerdos. No hay luces ni focos que nos muestren, porque no fuimos de frente, siempre por la espalda. Menos en esta labore. Aquí lo friki se sumaba a lo esperpéntico. Mi lugar era mi reina. El suelo que piso era mi tierra.

La memoria que sangra se acercó al Dios de la misma. La memoria, Nunto, de perilla, cabeza rapada, ojos de cristal, brazos tatuados, traje rojo que le llegaba hasta los tobillos y botas de metal.
-Al final descubro lo que eres. Dios de la sangre.
-He perdido el norte. ¿Así son los dioses? ¿Malos?
-Si te dicen que eres malo, es que algo bueno estás haciendo.
-¿Quién cojones eres tú?
-Alguien malo. -Respondió con una sonrisa.-
Hacía poco que habíamos abandonado a la dama, cuyo bastardo me había torturado y seguíamos el recorrido hacia la guerra. Hacia la muerte.


Entre las nalgas de una mujer y con un mozo abrazando y besándole el cuello recibió Salzar a un mensajero de negro. Era un joven con harapos largos, cejas pobladas y perilla de medio pelo. Con unas orejas separadas y ojos verdes. Su nariz le hacía alguien horrendo. Eran las vestimentas típicas de los viajeros de los valles de Hurdur.
-Disculpad que os interrumpa. Gran Salzar.
-Salzar oye.
-He visto que os han insultado en el coliseo.
-Salzar no hace molestias a los inútiles.
-Los mercenarios de Cuervo están en su ciudad natal. Allí podréis cazarlos.
-Salzar pregunta. ¿Quién eres y por qué me das esta información?
-Se os recompensará si dais muerte al Dios de la sangre. Esto es un anticipo. -El mensajero tiró una bolsa de oro.
-Salzar matará al Dios de la sangre sin dinero ni recompensa. Guarda tu dinero. No insultes a Salzar.
-Disculpe gran Salzar.
-Salzar cumplirá el deseo de tu señor, porque seguro que vienes de un señor y ahora pírate. Deja a Salzar meterle su gran polla en los coños húmedos de estas putas.
El mensajero se fue mirando con envidia a las mujeres espectaculares que estaban con Salzar.
-Vamos puta. Salzar quiere que bailes ese culo para él. -La rubia comenzó a bailar delante de Salzar y mostrar su culo, mientras Salzar escupía en sus nalgas y la azotaba.- Ahora tú, puta número dos lame la polla de Salzar. -La pelirroja lamía todo el pene de Salzar mientras se tocaba el coño mojado, y gemía un poco.- Vamos traga, traga. Puta número dos.
-Sí, mi amor.
-¿Tú no eres una nueva zorra para Salzar?
-Sí...
-Pues no me llames amor. Joder. Sigue chupando. -Salzar se enfadó y metió su dedo en el coño de la pelirroja apretando tanto que le dolió, pero en vez de disgustarse le gustó. Le gustó notar como los dedos de Salzar se follaban su coño fuerte y rápido. -Vamos cometelo. Zorra número dos. Puta uno acércate más y ponle a Salzar tu culo en su boca. Muévelo. -La rubia movía el culo, mientras Salzar le mordía el culo y lamía por su coño arriba y abajo, mientras con la derecha agarraba la cabeza de la pelirroja y la metía con fuerza en su polla, su izquierda estaba follando más y más el coño de la pelirroja. Salzar dejó de lamer el coño de la rubia y habló. - Grita para Salzar zorra número dos. Grita para Salzar. -La pelirroja no paraba de gritar, pero su amiga rubia la acompañó de tanto que sintió de la lengua de Salzar.- La puerta cerró atrás para el mensajero que jamás disfrutaría de esos placeres.

Temblores a la mañana. El anhelo de viejas rencillas que mantenían vivo mi líbido. Viejas musas que forman parte de mi sangre. Corriendo creando en mi cabeza el alboroto que quería. No sabía cómo Apolo regresaba a las alturas. Dios de la sangre me llaman.... como echaba de menos a las musas en mi corriente vital. Días, noches. ¿En qué momento estoy viviendo? ¿Noche? ¿Amancer? El cielo estaba abierto. La sed de los quebraderos parecía agotarse poco a poco con cada aullido a la luna. El escaparate de lo que yo era no había sido sino una manifestación de la estupidez ajena, hoy parecía que los cristales se habían roto y que podía oír el aire. Podía oír las hojas. Podía correr por sobre el suelo de la luna brillante como nunca antes. El espacio no era algo difícil, solo el sacrificio de los pensamientos que se diluyen. Escarbo como una pequeña rata. Escondida en una madriguera que parece mi hogar, pero está oscura, porque parece que el sol que brilla nos quema, porque parece que el miedo que nos paraliza es más fuerte, o tal vez porque los riesgos son ciertos. Podemos seguir volando por encima de nuestras posibilidades. Podemos soñar por encima de nuestros sueños. Pero parece que no podemos andar, si no tenemos pies para seguir el camino roto por años de espera a a través del cristal. El silencio que no deja silencio, el silencio que es falso, porque hay algo que se oye. El oro que es chocolate por dentro, el oro que nos hiere. El oro que nos convierte en adictos. Esa sensación de felicidad que siento al correr sobre la luna puede que sea movida como el amor por chocolate.

Las puertas del purgatorio. Ardientes columnas de fuego que ascendía hasta los cielos. Nunto me seguía con ropas claras y guante de seda. Entre la guerra y la furia escondía de mí mismo la memoria de mi pasado.
-¿Qué es este lugar?
-¿Quieres ser un dios?
-Ya soy un dios.
-¿Qué hace que un hombre se convierta en un dios?
-El poder absoluto.
-¿Tú tienes ese poder?
Le mostré como transformaba mi mano en sangre. Y me vanaglorié de ello.
-Entonces, no creo que tengas miedo a lo que hay detrás de esa puerta.
-Estuve en el infierno.
-Y te convertiste en un elemental, pero tal vez no sepas porqué los que no nacen elementales son elementales diferentes. Porqué algunos son elementales de fuego y otros de viento.
-¿Por qué?
-Tiene que ver con nuestro miedo. Tú tienes miedo a estar vivo. Y la sangre representa la vida. Si de verdad eres un dios superarás esta prueba y dejarás de una vez por todas tu humanidad. Sino eres un dios, volverás, sabiendo que has fracasado, pero conservando tus poderes de elemental. Cuando salgas, solo tú sabrás que has fallado. Solo tú sabrás que en el fondo eres una criatura humana, nosotros seguiremos pensando que eres el dios de la sangre. Estas puertas te permitirán conocerte mejor a ti mismo y luego podrás seguir con tu guerra.
-¿Por qué me ayudas?
-Porque me sale de los cojones.
Entré en aquella puerta, y ahí estaba esperándome. Aquel fantasma...

-¡Ah!
Una mano cálida me acarició.
-¿Estás bien?
Sudando ni siquiera le contesté, entre jadeos intermitentes.
-Otra pesadilla...
-No... fue un sueño del pasado...nada más.
-Desde que estuvimos en la escaramuza de los Altos, tienes estas recurrentes pesadillas.
-¿Y a ti qué te importa?
-Eres el padre de nuestro bebé.
-No... soy tu amo y tu dueño. Reza porque a diferencia de otros ni te golpeo ni te violo, tú quisiste follar conmigo y tener esa criatura. Y esa es otra puta pregunta. ¿Qué clase de enferma eres?
-¿Qué? -Me contestó entre irritada y extrañada.
-¿Por qué te viniste conmigo? ¿Para escapar de los ángeles? Y luego, te di la oportunidad en Caneas de irte y te quedaste y no solo eso, follaste conmigo. Jamás te forcé aunque te amenacé. ¿Quién en su puto juicio puede follar con alguien como yo? Ya me he dejado por completo, físicamente solo soy un barbudo con pelos largos sediento de sangre. Este don de la divinidad también me ha envejecido bastante más de lo que pensaba. Me has visto violar a otros y otras, matarlos. ¿Qué clase de persona folla a gusto con alguien como yo? Estoy fuera. ¿No lo entiendes? ¡Entiéndelo de una puta vez! No sé qué pinta un crío en mi vida, ni porqué debo manteneros ni un solo minuto más, pero lo hago. Os odio. A ti, al bebé y a todos. Y me odio a mí mismo. Porque he perdido.
-... Todos te admiran y temen... no has perdido, nos reciben con vítores y la guerra se venció,.
-No.... perdí en la batalla más importante para mi estúpida cabeza. La guerra de ese órgano defectuoso. El corazón. Perdí, porque le he dado demasiada importancia, perdí porque aún sabiendo lo patético que era darle importancia no pude ponerle freno, perdí porque cuando entré en esas puertas no gané. Perdí. He perdido y perderé siempre. Esta no es la historia de la victoria. Es la historia de la derrota. Mi vida es mi derrota. Mis decisiones han sido mi derrota. Las relaciones han sido una derrota. Mi hundimiento ha sido una derrota. Mi cabeza es mi derrota. Te voy a contar un cuento. Hace mucho, mucho tiempo nació en una ciudad capital de un estado entero, ubicada en la montaña más alta de ese grandioso reino, un buen muchacho. Criado en una familia media, tuvo acceso a la educación, a los bienes en un mundo lleno de desigualdades, tuvo el afecto de sus padres e incluso tuvo amigos y amigas. No se sentía mal en ese mundo en el que vivía, pero un buen día algo cambió en él. ¿Dios? Tal vez, lo que sucedió es que tuvo una enfermedad que le convirtió a ojos de todos en un monstruo. Horrendo. Las miradas de los extraños le juzgaban. Esa enfermedad pasó, pero su cabeza no se recuperó. Comenzó su caída hacia la derrota. Aquel muchacho ya no podía entender el afecto de forma natural, sino con dolor. Vivió convencido de que la soledad era su única amiga, y tras la zozobra, sin amigos, sin amor, se creía invencible. Invulnerable. Frío. Alejado. Poderoso en su odio. Juró venganza, sin embargo algo sucedió. ¿Dios? No lo sé. Apareció un ángel oscuro. Sí... un ángel oscuro. Aquel muchacho encontró su alma gemela y se sintió lleno por fin. Tan ridículo, tan absurdo, pero en el fondo solo necesitaba eso. Para los que viven solos, esas estupideces valen su precio en oro. Pero aquel ángel oscuro, decidió que no podía permitirse el lujo de arriesgarlo todo por ese muchacho, decidió seguir con su vida con la persona a quién quería y no era ese muchacho. Él se quedó solo nuevamente. Se hizo a las artes, pero todos escupían en su obra y no sin razón. Era una puta remesa de mierda. Mala, infumable. Gramaticalmente penosa. Su obra fue siempre una basura. Y cayó. Volvió a perder, una vez más. Otra derrota. Al final, se hundió en su pequeño ataúd. Y emergió en otro mundo, después de pegarse un tiró en la sien. Emergió en un mundo donde todo le iba bien, y llegó alguien y le ofreció un trato. Te daré poder si abandonas esta vida. El muchacho le daba igual, estaba muerto. Accedió. Se convirtió en un dios. Destruirá el mundo al que ha sido invitado, porque ama la violencia. Porque solo puede vivir con violencia. Y jamás será feliz, ni haciendo eso. Jamás será feliz ni aunque le amen, porque en su cabecita, jamás se olvidó de aquel ángel oscuro. Y entonces se lo recordaron. Y recordó la derrota. Recordó que aunque fuera un dios, él perdería. Destruyó, gobernó y perdió. Fue derrotado por un héroe. Es el cuento del villano. Alguien que no pasó penurias y se vio abocado al hundimiento. Es la historia de tantos y tantos que pierden. Que pierden. Y te contaré otra historia. La de otro muchacho. Este nació en una familia pobre. Tuvo que superar muchas dificultades, pero supo hacerse fuerte. Era bello y la gente notaba en él un gran carisma. Todos le seguían y cada idea, por muy estúpida que fuera, era admirada por todos. Este muchacho escribió un libro sobre magos y fue una gran venta. Y llegó la guerra, y el muchacho fue arrastrado a la violencia, porque él no quería la violencia. Detestaba la violencia y solo quería sus pequeñas cosas, sin embargo sabía que algo le llamaba en el corazón. Algo que le llevaba a hacer lo correcto, lo que era normal, porque él era un bastardo normal. Sociable. Ese puto niño. Conoció a un mujer a la que no comprendía y que era la mujer más perfecta del mundo y se enamoraron al instante. Aunque les separó, su amor era inquebrantable, y se quisieron siempre. Y entonces llegó el día. Aquel niño perdió en la guerra a su padre a manos del malvado. De un villano miserable. Y entonces tornó en venganza. Combatió al villano, emperador del mundo. Venció. Se llevó a su amor y vivió feliz y comió perdices aún siendo un imbécil. Esa es la puta historia del vencedor. Cuyos únicos putos dilemas eran qué tengo que comer hoy y cuándo cojones follamos amor mío. No me hables como si te importase una mierda. O como si por haberte follado yo y tú tengamos algo en común. Soy el perdedor. En la biblia de mi mundo, soy Job. Soy Luzbel. Soy el ángel que se rebela y pierde. Soy el perdedor, pero como lo sé. Al menos, voy a hacer mucho ruido; porque no quiero que nadie sea vencedor sin haber sacrificado todo lo que tiene para ganarme. Esta es la historia de la derrota, pero que será tan traumática que juro por los dioses, o por Dios que acabaré con este mundo y el que se me ponga por delante hasta que no quede absolutamente nada. Así de simple. Así de fácil. Porque no hay motivos, lo haré porque sí. Porque me apetece. Porque soy un envidioso. Porque soy un cobarde. Porque soy un manipulador. Porque soy lo que soy y por supuesto en este puto cuento siempre tiene que haber alguien como yo, pero hoy. Hoy. No es otro quién narra esa historia. Hoy la narro yo.
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Re: Nueva obra Remesa de mierda, último post

Mensajepor Crikrien » Vie Jun 13, 2014 1:09 am

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La máscara ennegrece el aroma de los desterrados. Asfixia el sentimiento de lamento y el reclamo. Bajo la humildad te pido. Contra las sombras aúllo. Contra la cobardía susurro. Eximo de rácimo a los que acaudillaron la vanguardia de tales atrocidades. Conviviendo entre señorías y señoritas. Entre alcobas y desdichas, se descifraron las causas de mis lamentos. Por ello, te ruego, desde lo más bajo, oh, rey, que acudas a mi llama raudo. Preso de tu amor incondicional para proteger a este hijo descarriado.
-¿Sigues aquí? -Preguntó airado el Dios de la sangre.- Después de mi rabia, aún sigues.
-Sí... y nuestro bebé también sigue aquí.
-Estoy escribiendo. Mientras imaginaba la música de Mozart...
-¿Mozart?
-Si algo echo de menos de mi vida es a mis amigos.
-Creía que no tenías amigos.
-Los tenía. Mozart, Pucini, Beethoven, Bach, Carl Orff, Nietzsche, Gorgías, Maquiavelo, Clausewitz, Herman Hesse, Patrick Bateman, El destripador, Carlos V, Godofredo el cruzado, Saladino, Ricardo Corazón de León, Temujin, Viriato, César, Augusto, Catalina, Isabel I de Inglaterra, Munch, Alejandro Magno, Ciro, Tupac, Maese Kds, Hitler, Napoleón, Hobbes, Stalin, Lenin, Pol pot, Minamoto no Toru, Don Quijote, Quevedo, Segismundo, Sigmund, Odin, Set y muchos más...tenía muchos amigos... sí...
-No sabía que tuvieras tanto... ¿Estaban siempre contigo?
-A todas horas. Con sus obras, unían sus lazos a mí. Porque al final, no te queda nada, ni nadie, salvo la obra de otros. Este mundo merece ser destruido. Y el siguiente, y así con todos los mundos, pues nadie debe existir. Solo deben desaparecer. No debe haber vida tras de mí. No quiero que haya vida tras mi muerte. Los días de la ira. Traigan los días de la ira.
-...
-¿No dices nada? ¿No dices el argumento falaz de que solo digo tonterías?
-¿Me harías caso?
-No. Porque nunca he oído estupideces sin argumentación alguna. Seamos objetivos, jugaré a ese juego. Sencillamente lo que propongo no es estúpido, es una deducción lógica que se obtiene una vez se siguen ciertas proposiciones. Para mí, desde mi punto de vista, la existencia es un sin sentido ligada a una muerte inexorable. Es algo así como el mito de Sísifo, por lo que el camino recorrido o el momento vivido carecen de un sentido mayor más que el instante en el que se vive, y el instante en el que se recuerda, como mucho el que se planea, no obstante estos aspectos son ínfimos comparándolos con la infinitud de la muerte. Esa es una de mis razones, por las que yo propongo la destrucción de toda existencia, a efectos prácticos no importa que existan o no, dado que el mero hecho de existir es solo una pequeña excepción en el mar de la inexistencia. Otra de las razones que aporto para defender tales ideas es que considero que ciertos individuos están preparados para decidir sobre otros. Creo feacientemente en que el mundo no está regido por una ley que nos haga iguales, sino que se rige por el instante en el que uno puede imponer su voluntad sobre otro. Ni más ni menos, ya sea este uno un agente activo o pasivo y consciente o un agente inconsciente, siendo activo o pasivo según el caso. Quisiera hacer un inciso, para explicar que cuando hablo de actividad me baso en el acto en sí, aquel que hace un acto, no contemplo ser activo con el mero pensamiento, sino con su traducción en el mundo material. Es cierto, es complejo de catalogar quién tiene poder sobre la voluntad de otro en ese momento, por lo que me valdría tanto la competencia violenta como la que se basa en el diálogo. Recapitulando ofrezco un argumento eterno, global, de un ámbito más allá de la diminuta comprensión del que solo mira el hoy y por otro lado ofrezco un argumento apegado a lo terrenal, que tiene sus hechos palpables y notorios, aquel que sepa engañar a otro para manipularlo, o que pueda vencerle a espada. Hechos incontestables por parte de nadie. Por lo que resumiría en dos aspectos relevantes mi tesis y fuertemente arraigados y por último, añadiría una razón egoísta y particular. Una vez que yo muera, mi ego es tal que no concibe que haya más existencia más que la mía, amén de satisfacer mi aversión. Cumpliría un argumento simple, hacer lo que se me antoja. En definitiva, lo que podrías argumentar en contra es: En el caso del último argumento, que yo no soy quién para decidir sobre otros por puro capricho y que es del todo inadmisible aceptar esa proposición como una verdad absoluta ya que está ligada a tus apetencias humanas. En cuanto al segundo caso, volvemos a lo mismo, ¿Es la victoria de uno frente a otro en inteligencia o fuerza motivo suficiente para darle el poder? ¿Eso le hace poseer la verdad? Tal vez, ahí pecaría de no buscar la verdad, pero en cuanto a la verdad o la virtud son problemas menores para lo que va más allá de esas nociones propias del ignorante tahúr de Sócrates. Y en cuanto al último argumento, tal vez podrías argumentar, que aún siendo poco tiempo, el valor de la vida se aumenta, al ser un bien preciado y escaso. Que por ello el tiempo recorrido sí posee importancia. Ambas posturas, tanto la mía como la de mis contrincantes son posturas válidas, ninguna es más estúpida que la otra, sencillamente son formas de conjugar los argumentos. Me parece loable, pero ¿Qué sucede una vez parece llegarse a este camino sin salida? No es una cuestión baladí, ni tampoco un caso aislado; tenemos la desgracia de compartir en cientos de pensamientos la partida y la contrapartida, ambas loables y justificadas, lo que nos lleva a la encerrona. La gran jaula que nos fuerza a formas ejércitos de uno u otro bando. Por eso, creo que el fin último es la total destrucción. La liberación completa de toda lucha. Me decanto por la inexistencia porque entiendo que en todo este tiempo de existencia, ella en sí misma ha alimentado ese enfrentamiento sin sentido de ideas u opiniones, de formas de vivir, tanto físicas como mentales. Y una vez que hemos podido ver el resultado, creo firmemente que la mejor opción es la inexistencia y por ende la destrucción total, la cual traerá el fin absoluto y nos aliviará de esta lid sin sentido más allá que el sentido de querer conformarnos como individuos.
Sonó la puerta interrumpiéndolos. La mañana parecía esclarecida.
-Tenemos fiesta. -Le dijo el nuevo cerdo, que ahora parecía un jabalí.-Es hora de volver al tajo.
El dios de la sangre se puso ropa nueva y cuando fue a cerrar la puerta, sin girarse miró atrás.
-Quisiera quererte, pero es que yo no sé querer a nadie, salvo a mí mismo. Tal vez sea producto de toda esta mierda. Ojala no volvamos a vernos, significará que estoy muerto.
Kurt, un niño que vino con nosotros, que pasó de ser un juguete sexual a un psicópata ya era un adolescente casi tan alto como yo. Me cogió del cuello y me agitó, con la lengua fuera.
-Es hora de la juerga.
-Kurt.
-Vamos, tito sangre, vamos a cortar cuellos. Quitar cabezas, llevarlas puestas.
En otros grupos, estos novatos no tendrían poderes algunos, pero Kurt no era un novato cualquiera. Era un cabrón bastante poderoso. Llevaba una cresta, tintada en amarillo degradado hasta el negro de la raíz. Cadenas en los pantalones y zapatos metálicos con cuchillos implementados. Un tatuaje bajo su ojo derecho que ponía “Puta”, su mirada era cristalina y su piel era hermosa. Le llamábamos Kurt y le tratábamos como a un chico, pero en realidad era una chica, por eso su rostro era tan precioso. Era lo más similar a un ángel, sin un sexo definido y perfecto, además para un amante de las tetas, las suyas poco a poco crecían y aunque las mantenía escondidas se podían ver, ese toque mistérico y vergonzoso me ponía más cachondo al intuir la forma de sus senos que si se los viera. La puta imaginación.
-La libertad es el mayor bien, y el mayor vicio, nada puede frenarla, ni el miedo al dolor, ni el amor verdadero.
-¿Qué se supone que debemos hacer?
-¿Sabes de esa gente que aparece alegre en algunos sitios y tienes el deseo de rajarles con un cuchillo la boca hasta que su mandíbula esté suelta?
-Una bonita sonrisa.
-¡Eso es! Pues algo así tenemos que hacer.
El cuervo se nos acercó.
-Parece que hay movimiento, nuestro camarada Greilord ha traído información… El rey del hielo se mueve y sabe a dónde se dirige.
No pude evitar excitarme, al fin, un rival digno. Conocido por todos como el puto diablo congelado. El blanco. El desterrado. Sin ánimo de existir, su maldición hubiera sido gloria para muchos. La inmortalidad. Le habían rajado, disparado, le habían hecho de todo y no había muerto. Era una bestia.


Capítulo quinto

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La noche estrellada era el enclave de Andros, la casa de los viejos nobiliarios. Enmarcados en el contexto de la celebración, el anciano Rey Andros XVIII hará hoy la ceremonia de la madurez de su primogénito Salzar. El viejo rey tenía un ojo de madera, cicatrices por su rostro y una larga melena blanca, que coronaba una calva. Lucía ropajes amplios debido a su robustez, decorado con la cabeza de un león y el pelaje de osos grises. Su armadura era demasiado añeja como para relucir. Atrás quedaron las batallas para aquel señor de la Casa Andros. Desnudo en su habitación estaba tumbado Salzar, diecisiete años contaba, mientras delante de la ventana de su habitación se podía ver a través de las estrellas el torso desnudo de una mujer de largos cabellos hasta sus nalgas. Aunque quisiera, sus cabellos no tapaban los azotes en su espalda.
-Ya es el día...
Salzar se levantó y acarició su cabello, mientras la abrazaba por los hombros.
-Sí... Te noto contrariada.
-Después de esto, posiblemente ya no pueda verte más.
-No digas eso.
-Te casarás. Y a mí me...-Dijo apesadumbrada y bajando el rostro.-
-¡No lo permitiré! -Respondió Salzar levantándole el rostro.- No me separaré de ti jamás.
-Lo nuestro no puede ser...
-¿Y qué le hago? No puedo dejar de sentir esto por ti.
-Somos ...hermanos...-Susurró ella mientras apoyaba su cabeza en los hombros de Salzar.
-Lo sé...-Le contestaba Salzar mientras sus dedos nadaban en sus cabellos.-
-Pase lo que pase. ¿Me querrás siempre?
-Siempre te querré y no amaré a nadie más que a ti.
-¿Sabes quién te puso el nombre de Salzar?
-¿Quién?
-Fui yo... era muy pequeña, y madre me leía los cuentos del Jades, ahí había un hermoso caballero negro que no poseía señor alguno, su nombre era Salzar. Cuando naciste, noté algo en tus ojos y le supliqué a madre que te llamara Salzar, ella no quiso... pero...padre...accedió... imagino que...sumido por cierta culpa...tal vez...-Sus palabras se entrecortaban, Salzar la abrazó con más fuerza para que ella notase que él estaba ahí. Las lágrimas caían poco a poco de sus ojos.-
-No llores amor. -Salzar levantó el mentón de la muchacha y la besó.- No llores.
-Ya estoy bien.- Respondió con una tímida sonrisa.
-Así me gusta. Kata. Cuéntame más de ese Salzar.
-Él... siempre hablaba con su nombre en tercera persona. Fue criado por águilas rectas, vivió siempre solitario por eso tenía como código: Amarse a uno mismo. Su emblema era “Nací para vencer.” No perdía combate alguno, tenía algunos vicios con las mujeres, pero en el fondo poseía un gran corazón. Ayudó a Claudio en su lucha contra la malvada bruja, domadora de Elefantes, Elvira. Me encanta que te llames Salzar... aunque dentro de poco ya no sea así...
-Aunque me llamen oficialmente Andros no sé qué más, tú siempre podrás llamarme Salzar, ya sabes como funcionan las malditas costumbres de este país chiflado.
-Tengo un mal presentimiento.
-Todo saldrá bien. Lo juro.
-¿Qué hacéis aquí?
-¿¡Padre!?
Sudoroso Salzar despertó. Rodeado de mujeres desnudas. Jadeante y aún desconcertado por la pesadilla. Una paloma de cuatro alas y dos picos llegó a su ventana. La paloma repetía con su voz rasgada “I wanna love you”. De sus patas colgaba un mensaje. Salzar lo leyó.
“Nunto, el comerciante le espera al mediodía en la plaza de los mininos, Salzar, para una reunión privada. Las moscas están en la telaraña.”
La plaza estaba decorada de gatos de oro. Nueve gatos persas de oro cuyos ojos eran de rubíes. Conocida por su adoración al dios gato que les liberó en el pasado. Salzar llegó solo, sin miedo alguno debido a todo su poder. Allí estaba Nunto solo, parecía extraño que alguien de su posición estuviera sin acompañante de seguridad.
-Salzar ha venido. ¿Qué tiene que decirle un mercader a Salzar? Aunque... Salzar sabe que no sois un mercader corriente.
Nunto sonrió.
-Soy un hombre de aquí y allá. Hago lo que puedo por ayudar.
-Salzar no es tonto. Ayudáis si sacáis algo en claro.
-Tengo noticias nuevas para Salzar.
-Salzar se pregunta si aquella basura que vino a verle llevaba vuestra cinta al cuello.
-Salzar está en lo cierto, pero las cosas han cambiado. Parece que los mercenarios del Cuervo se mueven. Está todo previsto.
-Desde que se hizo famoso, no paran de comparar a ese chucho sangriento con Salzar. Salzar está molesto con la plebe.
-Puedes unirte a mi banda y encontrarle.
-Salzar no pelea en la calle como los perros; Salzar combate en el coliseo.
-Dudo que el chaval sangriento vaya a pelear a ningún coliseo.
-Entonces, Salzar no le matará.
-¿Dejarás que sigan dudando de ti?
-Molesto o no, Salzar no venderá lo que Salzar es por nadie. Y menos por un chucho al que Salzar ya ha torturado.
-Los rumores de la dama de los dragones son ciertos.
-Salzar no necesita inventarse nada.
-Si aceptas mi oferta, estaremos aquí durante la jornada de alba a alba en la puerta de los cielos errantes. Espero que aceptes.
-La vida sin Salzar es demasiado triste como para no querer a Salzar. Ja ja ja ja. Salzarízate la próxima vez antes de hablar con Salzar. Ja ja ja ja.
-Es una lástima que todo ese puto ego no te haya dado nada de cerebro.-Susurró Nunto.-
-¿Qué decías?
-Nada, gran Salzar.
-Antes de marcharte, recuerda limpiar los zapatos de Salzar. Esta es mi ciudad. Bienvenido a Salzar city.
-No lo olvidaré.
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja. Así es la vida. Nos vemos.
-A estos descerebrados es fácil guiarlos. No pelearás hoy, pero el día de mañana lo harás contra quién yo diga.






Jamón Jamón Jamón Jamón Jamón Jamón Jamón.

Aullidos de lobo. Sus fauces llenas de los intestinos de mis hermanos. Sus ojos caen por el suelo. Mi hermano Pig y Pork están muertos. Rosso nuestro padre también yace colgado y sin piernas que el lobo está desmenuzando. Se permite el lujo de eruptar delante de mí. Atado y aún midiendo mucho más que él estaba asustado. Sentía el calor de mi orina cayendo por mis piernas. Me educaron fieles a la paz y eso me convirtió en alguien fiel a la paz. Mi padre nos enseñó a dialogar en todo momento, a disfrutar de la vida, a comer, pero ante esos ojos no nos dijo cómo defendernos. No podía llorar, porque el miedo me había paralizado. Todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Yo vivía en una granja, hecha de paja, Pork nos advirtió que era muy insegura, pero yo me reí de él, y Pig también se rió de él y se la hizo de madera. Aquel día horrible vino el Lobo. No le hizo falta mucho, salto un rugido para tumbar mi granja, dialogué. Le pedí explicaciones, pero estaba sediento de sangre y tuve que escapar. Casi no lo consigo si no llega a ser por mi padre. Él se interpuso y el lobo le arrancó el hocico. Nuestro padr era aviador y un gran cerdo, pero fue destrozado por aquella bestia. Siempre nos dijo que pusiéramos la otra mejilla, incluso aún sabiendo lo que le hacían a nuestros hermanos cerdos menores. Convertidos en comida.

La casa de mi hermano de madera parecía más segura, pero el lobo arrastrando el cadáver de nuestro padre, dejando un reguero de sangre se acercó riéndose. “No escaparéis.” ¿Por qué lo haces?” Le pregunté. “Por gusto”. Me contestó. Nos lanzó el cuerpo de nuestro padre y rompió el hogar de Pig; volvimos a tomar la carrera hacia la casa de Pork. El lobo no dejó el cadáver de nuestro padre y eso le hizo ir lento. Vio los cultivos de la maría de mi hermano y la quemó. Mientras se reía, no paraba de mostrarnos la cabeza de nuestro padre. Después rugió y rugió. No cayó el hogar de Pork y eso nos hizo sentirnos a salvo. No sabíamos que hacer, el diálogo había fracasado. ¿Qué se le puede decir a algo así? ¿Cómo hacerle entrar en razón? El lobo se sentó y esperó paciente. Creímos que se había cansado, además recuerdo a mi hermano repetirnos que si usaba la violencia debía ser un monstruo estúpido e incivilizado. No debíamos preocuparnos porque sería incapaz sin usar la fuerza de sacarnos de nuestro hogar y que entonces alguien nos ayudaría. Nos equivocamos. Toda nuestra vida pensando que el uso de la violencia era la herramienta de los idiotas y resultó que aquel lobo no era solo una bestia sedienta de sangre. Cogió una madera y tomó fuego riéndose y la plantó en el suelo. Acto seguido se marchó y vino con la madera de la casa de Pig y usó los huesos de nuestro padre como clavos y martillos para construir una pequeña escalera. Atónitos vimos como la usó detrás de nuestra casa para escalar, no sin antes tomar la antorcha. Cogió el fuego y lo tiró por nuestra chimenea. Corriendo quisimos apagar el fuego, momento que aprovechó para tirar otra antorcha por la ventana y después usó su rugido para que el humo de la cosecha mezclado con la carne quemada de nuestro padre entrase por la ventana. No pudimos soportarlo y tuvimos que salir corriendo, pero al salir encontramos que había cuerdas de paja que nos hicieron caer, mezcladas con el barro que yo había usado para hacer mi granja. Así fue como nos atrapó.

Con la inteligencia, como una araña despiadada. A Pork le sacó los ojos y los llenó de la sangre que aún quedaba de nuestro padre, al que le había quitado la pierna para comérsela y lo había colgado. Aquello no acabó ahí. A Pork le cortó las pezuñas y le metió la paja mezclada con trozos de piel quemada de nuestro padre, le arrancaba partes de su cuerpo a mordiscos mientras mi hermano no paraba de chillar. Con Pig fue más rápido, le sacó los intestinos y al apretarle la cabeza demasiado se le salieron los ojos. En ese instante. Se me acercó.

-Toda esta matanza es la demostración de una hipótesis. Vosotros, creísteis que el pacifismo era el único vehículo de relación entre individuos y que una vez que una de las dos partes que forman ese binomio quisiera entablar una conversación en vez de la violencia, la otra se vería frenada. Vosotros defendéis que el uso de la violencia es irracional e injustificado, propio de mentes inferiores. De individuos carentes de consciencia y capacidad reflexiva. Vengo a desmentir vuestros cuentos de hadas. Vuestras falacias argumentales para declarar que el uso de la violencia también es propio de individuos altamente racionales que consideran que el uso de la fuerza es un vehículo legítimo una vez que se agotan otras vías de diálogo o que se anteponen intereses ajenos. Esta medida puede resultar egoísta, pero los individuos racionales jamás se preocupan en esta puta vida de lo que es moralmente reprobable, dado que la moralidad como los prejuicios carecen de ningún juicio o reflexión, sencillamente se aceptan y posteriormente se imponen sin ninguna discusión o crítica. ¿Entiendes puto pacifista? ¿Entiendes que esta matanza es la demostración empírica de mi postura?
Así fue como conocí al lobo. Quién me esclavizó y me llevó junto a los mercenarios de El Cuervo. Y después de los años me he convertido en uno de ellos. La guerra, los alces gigantes, los golems, los perros milkiados, todo lo que he vivido, lo que he visto ha hecho que deje de fumar maría. Que quiera estar bien despierto, siento que he perdido mi identidad. Que ahora soy otro más en esta espiral de destrucción, lo peor de todo es que me gusta. Me gusta mucho. Ahora soy un jabalí poderoso y cuando un hermano está siendo maltratado le puedo proteger y le enseño a defenderse.
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Sacha
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Re: Nueva obra Remesa de mierda, último post

Mensajepor Sacha » Dom Jul 06, 2014 8:33 pm

Tarde mal y arrastras; pero aquí estoy. :P

Como bien explicaste esto vá de cliches; así que poco puedo decir que no haya dicho antes. No obstante; el personaje de Kurt es interesante y no he visto que encaje demasiado en ningún estereotipo que conozca.

Sobre Salzar decir que no me esperaba eso orígenes; aunque sí los vicios que se carga. Jejeje...

Hasta dentro de un mes. XDD

EDIT: ¿Exagerada? ¡Que va! Dos no son suficientes.XD
Se nota que te es más facil escribir en primera persona.

Supongo que las malas costumbres no se pierden; así que ahí van un par de correcciones:
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Aquella zorra me atrapó del pescezo e intentó ahogarme, justo cuando me agachaba para comerle el coño, para su desgracia no era consciente de quién era yo.


- Nunca debería subestimar a un dios. -Apreté con mi mano para ahogarle. Nunto comenzó a perder el aliento y miró su mano. -Acepta tu muerte. -En un último aliento, golpeó el suelo empujándome con una fuerza inusitada. Gracias a ello pudo escapar de la sala volando en un haz de luz como si fuera un rayo.

¿No debería estar en tercesa del singular?


PD: ¿Cosas coetáneas? ¿Kurt? ¿ENSALADA DE PEZONES?
Última edición por Sacha el Vie Ago 08, 2014 2:39 pm, editado 1 vez en total.
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Crikrien
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Re: Nueva obra Remesa de mierda, último post

Mensajepor Crikrien » Sab Jul 12, 2014 2:28 pm

Ya ves Sacha, parece que el bullicio de gente poniéndome a parir ha frenado, han vuelto a sus quehaceres mundanos y yo sigo a los míos, que es escribrir. Escribrir y escribir; y punto.

Me gustaría decir que esta obra es muy exagerada,que todo es ficción y forma parte del cáliz demencial de la obra. No hace falta ni decirlo, como con todas mis obras, que aunque hable en primera persona es porque me resulta más cómodo escribirla así. xD Y sí, no estoy exento de las cosas coetáneas

Capítulo sexto

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Más sangre. Necesito más sangre. La espada marcada por la sangre. Los muertos. Sus ojos caídos. Sus cabezas cortadas.

De aquel sueño despertó.
-¿Estás bien? -Le preguntó una muchacha de largos cabellos rojos y cola larga.
Achaques del pasado. Ingenuos pensamientos del presente. La lista era larga.
-Perdona que te molestara pequeña maestra.
-Hablabas en sueños sobre cosas horribles.
-No es nada. -Le sonrió aquel muchacho de larga melena recogida y un flequillo que le tapaba los ojos.- Señorita Miho, mi pequeña maestra.
-¡Pues no me des esos sustos! -Le gritó alegre la bella morena de ojos pálidos y mirada tímida, aunque de facciones serias.-
Un pequeño muchacho desaliñado moreno apareció.
-¡Ra! ¡Ra! Ha venido un hombre raro a verte. Viste de blanco y tiene un sombrero de paja “to raro.
Ragnos acudió a la entrada y su rostro de sorpresa fue imposible de ocultar.
-Señor Mishida.
-Viejo amigo. ¿Puedo pasar?
-Por supuesto. Ahora mismo vuelvo, le traeré té.
Miho intervino.
-No es necesario, ya voy yo.
-Gracias. Pequeña maestra.
Ella sonrió como respuesta y se apresuró con su falda larga recogida a ir a por el té. Normalmente, Ragnos ayudaba en las tarea del hogar, de ahí que tuviera una ropa sucia, de lavar platos o limpiar el suelo. Vestía de modo humilde. Ambos fueron a una sala preparada para visitas. Un lugar diáfano, casi sin muebles y donde se respiraba paz y tranquilidad.
-La situación es muy seria. Permítame que no me ande con rodeos viejo amigo.
Miho apareció y el rostro de seriedad del invitado cambió a la relajación, una vez Miho dejó el té, volvió al semblante sombrío.
-Los águilas están volando con sus cadenas.
-He oído cosas...
-¿Recuerdas por qué luchamos?
-En aquel entonces nadie se atrevía a pelear por nada. Todos tenían miedo a los ángeles y sus armas.
-Yo era un noble caballero, de los pocos que sentía preocupación de la situación en nuestra nación, sin embargo veía que era una costumbre común en el resto del mundo globalizado por el poder de los ángeles. Vendimos nuestra alma a esos a los que se dice que trajo la luz. Todavía recuerdo aquella madre, gritando en lengua vulgar. Gritaba desesperada porque no tenía nada con lo que alimentar a su hijo de tres años. Abandonada y sin hogar. Con un hijo enfermo, al que nadie parecía no ayudar. En ella vi, las deficiencias de la mentira. De la grave y gran mentira. Primero intenté formar una colación para iniciar conversaciones.
-La asamblea de los sueños.
-Sí, debatimos, nos costó encontrar lugares de encuentro, pero al final pudimos sacar algo en claro para mejorar la situación, y aquel día cambió todo.
-La operación Paz para todos. Se os acusó...
-Sí, se nos acusó de criminales y conspiradores. Supe que desgraciadamente a veces, contra los tiranos solo queda la vía de las armas. Sabía que no sería fácil, que requería de múltiples sacrificios. Tuvimos que vender nuestras almas al diablo para obtener poderes con los que competir contra los ángeles.
-... el infierno....
-Sí. Somos elementales artificiales, nosotros tuvimos que descender al infierno, pero lo hicimos. Mantuvimos una postura abierta al diálogo, mientras vosotros los susurros hacíais vuestro trabajo.
-....
-Matar a miembros selectos en el cobijo de la noche. No fue bonito, ni digno, ni elegante. Fue sucio, indigno y rastrero, pero sabías que estábamos desesperados. A campo abierto éramos un caramelo para ellos. No nos quedaba otra que luchar en la clandestinidad contra la opresión.
-Sí... sé todo esto... yo era un susurro.
-El mejor. De todos.
-No deseo recordar.
-El Rey del oeste ya no es el que era, y el blanco tampoco. Están debilitados por el tiempo, del primero se dice que vive entre dos almas, escondido con traje de burro, del segundo que al perder su amor ha decidido dejarse morir, pero sí es cierto que muchos dicen pelear por su bandera; por ahora son pocos, pero se van sumando. Tus garras....
-No.
-¿No ayudarás a la libertad de los pueblos?
-No es eso. Es que no puedo matar.
-¿Por qué?
-A veces una persona... no desvela sus motivos. No volveré a matar. Se acabó para mí asesinar. No seré un soldado que mate, me cansé. Oí un cuento de un viejo caballero con katana de filo invertido llamado Jimuro. Él dejó de matar, aunque casi le cuesta la vida en infinidad de conflictos. Yo... yo... siento que sus respuestas son mis respuestas. No mataré nunca más.
-Aún así necesitamos de tu fuerza. Las águilas han empezado ya la guerra, han empleado a los mercenarios del Cuervo negro, y lo que es peor. Estos mercenarios algunos de ellos son elementales.
-¿Han accedido al infierno?
-Sí, entre ellos al que llaman Dios de la sangre. Capaz de manipular la sangre a su antojo. Suya y de sus rivales. Las cosas están muy difíciles. La moral está baja. Te necesitamos.
-¿Me puedes dar tiempo para pensarlo?
-Todo el que quieras. No seré yo el que haga que rompas tu voto de no matar, pero al menos tu fuerza... nos hace muchísima falta.
-Lo pensaré...
Se escucharon gritos, el muchacho estaba jugando con Miho mientras se les oía sonreír. Esa alegría de quienes viven que llena tu corazón de esperanza. El niño le sacaba la lengua a Miho mientras escapa de ella. Ra no pudo evitar sonreír aunque tímidamente. Ambos dejaron el té y se levantaron para ver el espectáculo. Miho intentaba disculparse, avergonzada, pero el chaval no la dejaba tranquila.
-Tal vez...-Dijo Ra.- Ponga mi fuerza a tu servicio si puedo proteger esto.
-Lo agradeceremos enormemente señor.
-A diferencia de lo que piensan muchos, este mundo tiene cosas increíbles que merecen la pena. Esta es una de ellas por las que merece la pena vivir. Este momento. Estas personas.

En el remoto ante una botella del buen beber, el dios de la sangre observaba. Otro de las bacanales de los que se deleitaban. Con gruesa dulzura introducían sus miembros en las cuencas vacuas de víctimas que acababan de ser asesinadas. Otros disfrutaban de sus placeres introduciendo juguetes en aquellos anos que dispusieron de mayor gracia y deleite. En la competencia, hacían de concursos en belleza y distracción una demostración de los alcances de tales aventuras enfermizas. Unían el suave sedor de la lengua que lamía profunda el coño volátil y mojado, a la par que lo abrían con tenazas y cortaban el clítoris con tijeras. No medían en mesura sus actos, pues si lo hubieran hecho hubieran percatado que sus quebraderos pensamientos habrían detenido sus libérrimas manos. Lo poco que quedaba en aquellas bacanales de sexo, era la penetración, como acto propio en algunos casos o tal vez el deseo. Todo lo demás poco tenía que ver con lo que entienden animales de procrear. Bebidas de semen, sangre y saliva mezclaban las copas de oro engarzada con diamantes. Los atroces gestos no eran sino la perfecta sinfonía del calvario de los adolescentes que gritaban, desconocedores de su destino, ante las forzadas sutilezas erectas que tenían para ellos miembros selectos del consejo. La gracia divina se había hecho eco descendiendo entre viles mortales, para alcanzar con tales manjares humanos la perfecta muerte. El saveur de las palpitaciones inocentes ante la excitación. Orina fusionada con la bella liturgia de la sangre que nos llevaba como la rueda de la fortuna hacia experimentos jamás vistos, desprovistos de ese telar de moralidad impura e inmunda que nada tiene que ver con la divinidad. Lo que allí hacíamos era una pintura de Dios. De aquel que resulta intangible e ignoto.

El sol vino a abrigarnos, mientras estábamos tirados. Nuestro viaje debía continuar. Una de tantas borrachas de razas extrañas vino tras el dios de la sangre. De piel azulada, labios carnosos y cabellos verdes, poseía orejas redondas y dientes afilados.
-¿Tan pronto despierto? -Preguntó ella.-
-¿Es cierto eso que dicen?
-¿Y qué dicen?
-Qué tenéis dos coños y que si lo deseáis podéis convertirlos en una super polla gigante.
-¿Por qué no lo compruebas?
-Y... ¿Meáis por ambos a la vez?
-¿Para qué quieres saberlo?
-Igual, me apetece beber de ambos y luego follaros, para que termines dentro de mí.
-¿Para follarme tienes que tutearme?
-Es lo menos. ¿No?
-¿Quieres vérmelos?
-Para eso te hablo, guapa.
Aquella nimria se quitó la blusa y el dios de la sangre vio su doble coño, el uno al lado del otro y ambos con un espacio, de ahí que sus caderas fueran más anchas y sus piernas estuvieran más abiertas, ambos parecían pedir a gritos la lengua y el falo de cualquiera que se interesase.
Sin embargo, llovió el fuego. Aquella zorra me atrapó del pescezo e intentó ahogarme, justo cuando me agachaba para comerle el coño, para su desgracia no era consciente de quién era yo. Me disolví en sangre y ascendí para mirarla de frente. Alcé mi diestra mostrándole mi palma. Su sangre salía de sus poros azulados y poco a poco perdía fuerza.
-¿Qué...?
-¿Ves eso? Es tu sangre que está escapando de tu cuerpo.
La mujer azulada comenzó a reírse.
-¿De qué te ríes? ¿Le ríes a la muerte?
-No... estúpido... sé quién eres... y lo que hacen tus habilidades... por eso he hecho lo que he hecho.
-¿Qué cojones?
-Maldito imbécil machista, ¿Te crees el rey del mundo? ¿Te crees poderoso? No eres nadie. No eres nada. Tu mundo de hombres es basura contra ella. La sacerdotisa. La que tiene en sus hilos a todos los incrédulos que os creéis que dirigís el mundo. Ella doblegará a todos y a todas.
El dios de la sangre apretó con fuerza el puño y la mató en el acto, como una bomba que estalla.

Corrimos esperando que no nos alcanzasen, pero lo hicieron, armados con uñas y dientes. Como diabólicos duendes que estaban escondidos. Kurt pudo repeler algunos de los traidores que nos habían vendido. Saltó como un lunático al que vivir o morir le importa bien poco. Íbamos a escapar, pero el lobo y el dios de la sangre se miraron, dándose la vuelta. Medio levantado el cuervo les siguió, junto al Jabalí y al águila. Nos unimos de un salto a la pequeña chico-chica Kurt. Los que pretendían asesinarnos no eran más que viejos robles de la tierra encantada de las hadas. Monstruos llenos de ramas, a los que el poder del dios de la sangre era inútil. De entre ellos, con vara en mano estaba el que parecía haber tejido esta treta.
-¿Quién eres? -Le preguntó el cuervo.
Yo le detuve con mi mano.
-Yo sé quién es este... es Nunto. ¿Cuánto te pagan?
-Nada.
-Tú nunca haces algo por nada.
-Que no me den dinero, no quiere decir que no reciba algo a cambio.
-Ya te ves por cualquier cosa.
-No puedes derrotar a estos entes ancestrales. No poseen sangre, tu lobo tampoco, puedes arrancarles brazos o piernas que ellos jamás perderán la vida, el jabalí podrá arremeter cuanto desee que poco o nada hará, la zorra de las cuchillas no tiene el poder aún para frenarles y para la sombra del cuervo tengo esto. -Nunto alzó su vara y de ella amaneció. En su cristal se iluminó por completo la sala. -
-¿Eres estúpido? -Le pregunté, riéndome.-
-¿Qué?
-¿Qué ves a tu alrededor?
Nunto miró y vio a las cientos de niñas y niños, mujeres, hombres, violados y destrozados. Se entristeció ante ello y miró con rabia a los mercenarios.
-¿No te has dado cuenta? -Le dije.
-¿De qué?
-Dices que no puedo matar a estas basuras vegetales andantes porque ellos carecen de sangre. ¿Y qué ves a tu alrededor? Imbécil. -Alcé mis manos entre carcajadas y extraje toda la sangre de los cuerpos, algunos aún seguían con vida y gritaban mientras los chorros de sangre rompían la piel que los encerraba y las venas que transportaban la sangre. Con esa sangre formé pilares mientras aquellas bestias vegetales intentaban adelantarse, los pilares sangriento las atravesaron y se introdujeron en su madera para explotar desde dentro. -En algo tenías razón, no hay absolutamente nada que hacer con fauces o garras frente a estas mierdas vegetales, por eso la única manera de destruirlos es despedazándolos. Que todos sus trozos de vegetal se vayan lejos. Y -Moví parte de la sangre para coger las antorchas y prendí fuego a las partes arboladas de aquellas abominaciones. Nunto no pudo aguantar las lágrimas, mientras caía arrodillado, momento que aproveché para teletransportarme siendo sangre hasta su espalda. - Nunca debería subestimar a un dios. -Apreté con mi mano para ahogarle. Nunto comenzó a perder el aliento y miró su mano. -Acepta tu muerte. -En un último aliento, golpeó el suelo empujándome con una fuerza inusitada. Gracias a ello pudo escapar de la sala volando en un haz de luz como si fuera un rayo.
-¿Quién era ese tipo? -Me preguntó el lobo.
-Ya no es un mercader.
-¿Él preparó todo esto?
-Traed a Greilord, él fue quién nos dijo que habían encontrado al blanco, sabía que antes de cada viaje formábamos estas bacanales.
El cuervo dio una señal al Kurt para que fuera a buscarlo.
-¿Crees que nos ha vendido? -Dijo el Cuervo.
-Lo ha hecho, ese hijo de puta... nos ha vendido.

Al poco vino Greilord sobresaltado.
-¿Qué ha pasado? Muchachos.
Kurt se abalanzó a su espalda con un cuchillo en su cuello y le lamió la oreja.
-¿Qué sucede? ¿Chicos?
-Sabrá muy bien en un caldero. - Relamió Kurt.
-¿Nos has vendido?
Greilord gritó, arrodillándose y gimiendo, pidiendo clemencia ante la pregunta de El Cuervo.
-¡No! ¡Por favor! ¡No!
-¿Lo has hecho?
Greilord lo negaba con la cabeza y Kurt le golpeó la espalda para tumbarlo.
-Lamerás el suelo traidor.
-Lo lameré si queréis. Haré lo que queráis, pero no os vendido. Lo juro. Lo juro. No he hecho nada.
-Confiesa y puede que la tortura sea menor.
-¿Qué cojones? ¡A este cerdo le abriré en canal yo mismo! -Vociferó el Lobo.- Joder, como me lo voy a pasar contigo.
Kurt le apuntó con su cuchillo.
-Na, na, antes voy yo, perrito.
-Callaos. -Me acerqué a él.- ¿Desde cuando llevas con ellos?
-No... lo juro... por Dios...
-¿Dios? Él no tiene cabida en esto. Habla.
-Relajaros. Greilord...-Interrumpió El Cuervo.- te explicaré la situación. La sospecha ha caído sobre ti, podemos esperar a que nuestra sacerdotisa te abra los ojos para saber la verdad, después te torturaremos sin piedad o puedes confesar y te torturaremos con cierta piedad. En cualquier caso ninguna opción es buena para ti, salvo que la sacerdotisa nos diga que no les has ayudado. Perderás tu vista, pero te otorgaremos infinitos dones como disculpas. Serás un privilegiado entre nosotros y tu valentía será recompensada, pero viendo la situación y lo acontecido aquí, intuyo, con poco riesgo a errar, que eres un traidor.
Greilord asintió taciturno después de tragar saliva.
-Fue bueno... mientras duró. Respóndeme a una pregunta más. ¿Tuviste algo que ver con lo de Hocus?
Greilord miró a otro lado tendido en el suelo y después de un rato interminable de silencio afirmó con la cabeza.
-Una pena. Greilord. -El Cuervo que se agachó para hacerle esas cuestiones a Greilord se levantó como la polvareda tras el golpe de plomo.- Por la sagrada orden de nuestra campaña se te castiga al tormento de los hermanos y hermanas. Primera regla: El traidor no tiene nombre, salvo el de traidor. Segunda regla: El traidor deberá vivir durante un año. Tercera regla: No pasará más de un día sin dolor alguno. Cuarta regla: Empezaremos con los novatos, pasaremos a los miembros de pleno derecho y quien le matará seré yo como maestro y presidente de esta asociación. Quinta regla: Está permitida toda forma de tortura, salvo aquella que de alguna manera pueda ocasionar voluntaria o involuntariamente placer. Sexta regla: Una vez muera sus trozos serán expuestos durante cuatro días. Al cuarto día se maldecirán los restos para que no halle camino alguno hacia la paz y caiga en el infierno eterno. Séptima regla: Solo uno de nosotros y nosotras podrá eliminar esta maldición pasados como mínimo sesenta años. Estas son las reglas. Estas son las consecuencias de tus actos. Por traición y asesinato de un camarada se te condena a la tormenta de los hermanos. Sonríe hoy, porque mañana solo sonreirás cuando te clavemos las mejillas. Este es nuestro lema y nuestro lema es este. Preparad los equipajes. No iremos a por el blanco, cambiamos de rumbo. Nos llevaremos a Greilord para disfrutar con el dolor que le haremos, pero está clara una cosa. Esos monstruos hechos de ramas, tierra y planta forman parte del ejército de esa Hada reina. El reino libre de las hadas se ha rebelado contra nosotros. Han tomado parte y es justo lo que necesitábamos saber. Es un reino que llevamos queriendo hincarle el diente desde la guerra de los terroristas. Hoy es nuestro día. Tomaremos su fortaleza de espinas negras por la fuerza. Es hora de placeres bélicos. Este traidor me ha fastidiado el día.
-Comeremos carne de hada y beberemos en cuencos de hombres árboles. -Filosofé.-
-Mataremos mierda como siempre, no hacen falta putas palabras bonitas. -El lobo y su perspicacia.

Por primera vez en mucho tiempo pude descansar en mi habitación. Todos estábamos aguardando para la guerra. Íbamos a luchar contra seres de paz y mágicos. El viejo reino de la hada era un paraíso terrenal. Cascadas de agua cristalina y un verdor que dominaba todo su territorio. Decían que la luna jamás dejaba de ser llena y que los días soleados eran preciosos, incluso cuando llovía el aroma de frescor era casi divino. Vivían espíritus del agua, diminutas criaturas acuáticas bípedas que bailaban sobre el agua. Duendes y gnomos que jugaban a las cartas alegres. Hombres árboles que caminaban para crear flores por donde pasaban. Las hadas eran de todos los tamaños y sus polvos permitían iluminar y alegrar a quienes los inhalaban. La reina había mantenido el reino alejado y durante la guerra apoyó con la serpiente de tierra y los monstruos alados a los ejércitos del rey del oeste y el blanco.

Sin embargo, a mí me daban igual, deseaba escribir. Cuando el mundo se me hacía extraño y cansado siempre me quedaba mi folio en blanco y mi pluma. Quería escribir una tragedia bastante simple que se pudiera adaptar al cine. Una donde la protagonista fuera una chica movida por el odio, que amase las katanas. Una salvaje punk. Lo tenía en mente. La historia narraría la desventura entre la protagonista que sería la villana, la joker, enfrentándose al protagonista que sería, el batman. Algo así como una historia del reencuentro. Ambos se conocieron a los quince, ella se había escapado de la familia de su padrastro quien había matado a su madre y a toda su familia cuando era pequeña, porque su madre había vuelto con su padre. Volviendo a su adolescencia ambos jugaban a las pistolas y mataban gente. Él era un niño sin padre criado entre putas y el eterno camino, así se conocieron en este mundo caótico. Una de las escenas que tenía dibujadas en mi cabeza era la del bar donde ambos provocarían una masacre. Ella bailaría medio desnuda para que algún motero borracho le entrase, riéndose le clavaría un cuchillo y entonces todos irían a por ella, a lo que el muchacho saldría con una katana que tenía escondida en una funda de guitarra y los matarían con un baile precioso, porque se activaría el sistema contra los incendios y quedarían bañados en lluvia. Sin embargo, a ella la encontraron y le hicieron creer a él que fue asesinada. Él se hundió y decidió dedicarse a proteger a los demás tras aquello. Se hizo agente y formó parte de la división de espionaje y asesinato, siempre vagabundeando. Eso sería el principio donde presenta esa relación de amor que se forjó en su adolescencia. Con la madurez aparece en escena un gran ataque terrorista. Sí, muchas explosiones y una secuencia grabada por un cámara en directo. Están retransmitiendo una feria o algún evento deportivo y todo salta por los aires, del humo con la cámara aún en directo aparece ella. Coge la cámara todo en vivo y saluda con algún mensaje de destrucción final.

Su mensaje de odio y el deseo de destruirlo todo. Encargan al héroe que antaño fue malvado que la detenga. Él la debe encontrar y tras una persecución en coche la halla. En ese instante, él sabe mejor que nadie que ambos están marcados, pero ella se aprovecha de ello y le dice que aún le quiere. Que no le haga nada, que aún lo quiere. Él se deja seducir y follan, ella durante la noche piensa en matarle, pero decide no hacerlo y le abandona. Esta vez vuelve a atacar con más fuerza al núcleo de los políticos, también le deja información para quienes trabajan y los experimentos que realizaron no solo con ella sino con muchos otros a los que atraparon. Mafiosos de todo el mundo servían de brazos armados de ese centro de operaciones. Él comprende ahora que no debe seguir un instante más, pero sabe quién es ella y su deseo va más allá de la revolución de la que habla. Ella quiere destruir el mundo por todo lo que ha sufrido. Las violaciones, el asesinato de sus padres, su ser y su agujero negro no la abandonarán. Él decide detenerla ante la iglesia en la que se encontraron. Una iglesia destruida.

El final sería un enfrentamiento épico entre los dos, como los héroes. Y el bien vencería a la locura del caos. No quisiera contentarme con la victoria del bien, pero necesitaba crear algo bueno después de la destrucción en la que me hallaba inmerso. Los únicos que podían oír mis lamentos eran los cimientos que se destruían. La ciénaga de una vida despojada de toda moral era en parte la victoria de la libertad, pero la derrota de la bondad.

Soy un mentiroso. Un cobarde y un creador de historias. Lo que descubres como escritor, salvo que seas uno de esos gilipollas, es que al final estás solo. Estás hundido. Te duelen hasta los dientes y nadie te oye. Nadie te da ánimos salvo que sean fanáticos de tu obra y esos dan asco. Recibes más desprecio que aprecio. No sabes porqué escribes ni porqué las ideas se vuelcan en tu cabeza y desean salir, pero así sucede. Y eres un desgraciado porque no es algo que controles, es algo que te controla. Ser escritor es como ser yonki, no decides ser escritor lo eres o no lo eres, aunque la gente que lea tus obras se empeñe en decirte lo poco que le gusta. Eres un adicto, no es una cuestión de ir probando cosas, es que no te queda otra. Es que necesitas escribir. Necesitas matar el tiempo escribiendo. Ardes como una cerilla delante de ese folio en blanco. Siempre algo nuevo que contar, siempre algo viejo que repetir. La única verdad es que odio escribir, y lo hago por puta necesidad, sino tal vez, estaría muerto. Por ello cometía errores, por ello cometía faltas de ortografía. Yo no elegí ser escritor, la escritura me eligió.

Y para huir de ella me convertí en un dios de la sangre. La violencia era física, material, lejos de la abstracción, de lo etéreo. La violencia era palpable. El dolor era sentido. Sé cuando empieza y cuando acaba, no como el llanto de mi corazón rasurado por los acontecimientos. Estaba harto de la vida que se me ofrecía de patéticos libros de auto-ayuda que deseaban que fuera más sociable. Estoy mal, estoy roto, quiero seguir estándolo. Y necesito repetírmelo para no perder el hilo de quién o qué soy.

He hablado con una muñeca que está en trapos rotos. Desgajados ojos que sangran lágrimas. Las manecillas se deshacen como lo que tuviste, lo que has conseguido. Esta mierda trasciende lo que pensaste que serías. Hoy no hay fe. Venganza intelectual contra su hijo miserable. No sientes espacio donde mear. No hay formula que te despierte, sus dedos atienden esa sensación, la tenaza de privilegios violados. El tiempo que se está hundiendo. Lo loco que resulta perderse en uno mismo. Como si fuera la muerte de este incienso. Ahora que sé lo que es morir, no puedo dejar de ansiar la muerte. Me he perdido por la borda. He escrito en sangre lo que he sentido. La soledad que me doma y me viola. La salsa.

-Es la hora. -Interrumpió el Cuervo, entrando en mi habitación.- Hemos llegado al castillo del rey. Nos prestará sus hombres.
-No les necesitamos. Yo lo haré.
-¿Cómo?
-Llévame hasta la frontera del reino de las hadas.

Abrieron la escotilla y vi a un montón de soldados asustados, el valle parecía tenebroso y las nubas grises adoraban como un techo el cielo. Delante un muro de espinas negras de diez o más metros. ¿Quién puede saberlo? Yo anduve relajado hasta la entrada. La frontera se abrió y emergió una hermosa Hada con alas y el rostro precioso.
-¿A qué venís?
-A mataros. Quemaré tu reino. Violaré a todo lo que tenga agujero y esté vivo o muerto.
La hada se rió.
-¿De verdad piensa un humano miserable que eso es posible? ¿Tú? ¿De verdad lo crees?
-Yo no soy un hombre.
-Sé quién sois, dios de la sangre, y seguís siendo humano aún con vuestros dones. Tengo un ejército que no se dejará matar por ti.
-No lo comprendes.... Ni falta que hace.
Me herí con fuerza para que la sangre fluyera con mayor facilidad de mi brazo y la convertí en una lanza de enorme tamaño que usé para lanzársela. Ella pudo detenerla con un escudo y la sangre salpico. Con mi diestra traje conmigo la sangre de nuevo.
-Trae a tu ejército. Me basto y me sobro.
Los soldados árboles salieron de los bosques, acompañados por las serpientes gigantes de tierra y las bestias aladas. Se reunieron todos rodeándome.

Un grito sordo silenció el río de voces de bestias y monstruos. El dios de la sangre reunió toda la sangre de bestias e incluso de humanos que había cerca y se convirtió en un demonio sangriento de veinte metros, que usaba la sangre como pinchos. Lanzas agresivas que atravesaban a los árboles empalándolos contra el suelo. Las bestias aladas gritaban de dolor cuando la sangre salía disparada de sus cuerpos y quienes tenían escudos para protegerse vieron como el gigante diabólico dios de la sangre los agarraba y estrujaba como si fueran papel.
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Metamorfosis del odio.

Mensajepor Crikrien » Jue Sep 11, 2014 7:15 pm

Acabé Remesa de mierda, no lo he publicado aquí y dudo que publique el final aquí, así que voy a escribir, mejor dicho, retomar una historia que dejé a medias hace tiempo.

Ojito que si leéis esto os comeréis un spoiler como una puta casa de toda esta historia. xD

"Hate"

La cual he renombrado La metamorfosis del odio.



Prólogo

“Oh baby, ¿Qué has hecho?”

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Lo que quedaba de pitillo se deslizaba en sus dedos hasta caer, tras darle la última calada. Atrás quedaba el humo que dejaba ardiente, como si de un mañana absorto se debiese. El mañana será igual al ayer, y el día en el que eso cambie significará que hemos completado la metamorfosis. Como juncos vacíos que se pliegan a los vientos que nos sacuden, para regresar a la posición que teníamos. No existe transformación. Un cúmulo de hombres muertos que andan con los riesgos de la vida. La vida hacía orilla en sus zapatos y sería el preámbulo de lo pegajoso.

¿Crees que puedes amarme y dejarme escapar?
-Vamos.
La luna llena observaba a los lobos. Cabalgando en coches negros vieron como el fuego tras de sí les perseguía. Las luces a través de la ventana son líneas que parecen nunca acabar, pero acaban. Tienen su final en los cuerpos muertos que decoran el tormento. Algo traía el viento además del sabor a ceniza, era el olor a piel. Acallado miraba los fantasmas de la noche a través del bosque sombrío que rodeaba la carretera, con dos únicas luces como guía.
-Hermano. ¿Estás con nosotros?
Él contestó asintiendo con la cabeza suavemente, mientras sus dedos sostenían una cabeza frágil que parecía que se iba a caer. Mientras la yema de sus dedos degustaban sus labios con esencia de pasado. Pasado de existencia que se vive. Ese pasado que traspasó la armadura que llevan los tipos como él. Ese pasado del que no puedes escapar. Del que te hiere profundo. La pesada carga de pensamientos y odios hizo que cayera. Por extraño que pareciera Morfeo se le apareció y le dejó un momento de paz. Puede que el día que completemos la muerte que es nuestra, ese día, sea nuestro día. No más lamentos. Solo paz.



Fotografía número 1:

“Un tango para uno por favor.”

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-¿Traerás la lluvia de sangre para mí?-Susurraban sus palabras al oído carcomido por el tiempo. Sus manos recorrían el cuerpo rasurado y malherido, con huellas de violencia y rabia.- Curtido por las desavenencias con Dios que tuvo en el pasado.- ¿La traerás?
Contestaron sus ojos y un beso corto y suave. Amoroso. Sus ojos no dejaban de ver el tatuaje del brazo que ella llevaba. “Discordia.” Y su cuerpo chocándose contra su espalda.
-Sabes, cuando era pequeña me gustaba pescar en un lago que teníamos mi familia y yo en un pueblo. Íbamos de pequeña y aún estaban mis padres juntos, así que... es el recuerdo más feliz que tengo de mi infancia. Yo... mi padre... mi madre... en aquel lago no discutían, ni se peleaban. Sencillamente aparentaban que se quisieron alguna vez. No sé porqué te cuento esto....-Se decía con los ojos tristes.- Y porque me da un poco de rabia...
Él agarró con fuerza la mano de ella y le hizo saber que estaría junto a ella. Ella le besó la cabeza y le abrazó por el cuello, como si fuera lo último que debiera hacer en su vida.
-Pescaba con mi padre, antes de que... el gilipollas decidiese abandonarme. Hijo de puta... no entiendo porqué todavía me tiene que doler esa mierda. No me importa una mierda. ¿Sabes?
-Nunca he pescado. Me gustaría ir a pescar.
-¿A qué si? Seguro que te encantará.... Podríamos ir.... irnos ahora...
-No. Sabes que no puedo irme ahora. Iremos juntos y pescaremos.
Ella miró al techo y se le saltó una lágrima que supo guardar. Le besó.
-Sí, iremos.
-Llevaremos al pequeño.
-Es demasiado pequeño.... todavía no tiene ni cinco años.
-Quiero que su infancia sea feliz.
-Eso no podemos decidirlo.... la vida es como es.
-Por eso le hablo de historia, quiero que sepa lo que le espera.
-Ya sé que pierdes el tiempo en hablarle de historia y filosofía, pero dudo que comprenda nada.
-Lo entenderá.
-Él no es como tú.
-Aunque no tenga mis ojos rojos, lleva mi sangre.
-Si...
Ella miró entristecida a los lados y volvió a besarle, después se sentó delante de él. Besó su cuello y puso las manos de él en su culo. Lentamente su lengua recorrió su cuello y boca, él contestó con besos suaves en sus labios y sus mejillas mientras sus manos le apretaban el culo. Poco a poco su boca bajaba por sus curvas hasta sus senos desnudos, a los que chupó poco a poco, para seguir con más fuerza como el niño buscando la teta de su madre. Ella le agarraba fuerte del pelo y tiraba para acercarlo a ella.




Fotografía número 2:

“Piezas en un tablero”

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-Cruzamos la carretera mientras las bombas estallan detrás de nosotros. Nos miramos agitados por el adiós, pero seguros de qué estábamos haciendo. Hoy no es el día de la duda. Hoy no es la noche de reflexión, sino la mañana de actos. Nos miramos callados. No hay motivos de júbilos por matar, si esas muertes no nos permiten alcanzar nuestros propósitos. Hablar demasiado es estúpido.

Aún se puede parar el tiempo con ese instante. Como teclas de un piano que están siendo pulsadas. Los segundos suceden lentos cual nota de algún tema lúgubre de Chopin. Como el cielo que bebimos algún día. Rostros jóvenes, rostros viejos. Pájaros que chillan mientras los águilas vigilan. Hoy las ramas del pesado árbol caen cortadas por una sierra. Tal vez nazcan unas mejores, o prosigan las corruptas. Piezas de árbol quemado, ramas que poseían también pequeñas flores en esas ramas, pero cuando cortas. No importa qué cortas, sino el por qué cortas. El sudor se paraliza como cristal adherido a nuestro cuerpo y el miedo se convierte en impulsos eléctricos que viajaban por nuestro cuerpo. Una mujer sin brazo grita desde el suelo, mientras su hija sin piernas está tumbada sin vida delante de ella. Mientras su marido sin cabeza es solo intestinos en el suelo. Grita y grita pidiendo auxilio, pero no puede oír y el polvo de los edificios derrumbados la ha dejado medio ciega. Así es como algunas personas se despiden realmente de sus seres queridos. Macabra carta de adiós, que ningún funeral borrará.

Corrieron como si no hubiera mañana, hombres armados tomaron sus metralletas buscando a los jóvenes. ¿Para qué salvar a los heridos? Las balas son pequeñas hojas en el otoño que descienden. No es nuestra obra la de proteger a los heridos, sino matar a los culpables. Los disparos vuelan como besos afilados y alcanzan a uno de los jóvenes que huía.
-Adiós, querido amigo.
Sus ojos lo decían. La terquedad del instante hizo que el Rubio intentase que su hermano no se quedase ahí. Él sacó un arma, mientras el Rubio le empujaba.
-¡¿Qué haces?! -Le gritaba el Rubio.
Tendido en el suelo el compañero caído asentía, entre lágrimas.
-Aparta.
Nunca miras a la gente a los ojos, porque descubres cosas que no quieres saber. No todos se dan cuenta, pero una mirada dice demasiadas cosas del alma. Habla de rechazos, habla de mentiras, habla de incomodidades, habla de amor, habla de tantas cosas que poco a poco dejas de mirar a la gente a los ojos. Prefieres vivir en una burbuja. Una pintura alejada. Un pincel sin dueño de lo que pinta. Él apretó el gatillo en la cabeza de su hermano, sus sesos salieron volando. Después siguieron con la huida. No es día de caídos. No habrá presos. No hay prisioneros. Ni rendición. Nada de eso hay para los que toman las riendas de su muerte. Por eso son una hermandad. Matamos y morimos por el hermano de nuestra vera y le ayudamos a suicidarse cuando él nos lo pide. No es algo que quisieran, es algo que se debe hacer. No siempre se hace lo que uno quiere, sino lo que es correcto. ¿Correcto? Tal vez necesario.
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Re: Metamorfosis del odio.

Mensajepor Papas Fritas » Sab Sep 13, 2014 9:06 pm

Me pasé por aquí porque me llamó la atención el título. Luego vi que esto iba sobre alguien que escribía, así que me dije a mí misma que "a ver que cosas publica aquí este tipo". Total, soy lectora compulsiva.

Pero no me ha gustado tu estilo.

Siento que le das más interés a la forma del texto que al contenido. Y además que te enredas demasiado xD Sin ánimo de que te sientas mal, te aconsejaría que fueras más al grano. Demasiadas palabras rocambolescas para adornar. La metáfora está bien cuando se sabe usar. En exceso chirría demasiado.

Algunos aspirantes a escritores creen que el estilo "simple" es sinónimo de malo. Lo cual es un error enorme.

Escritores como Roberto Bolaño, Cortázar, Murakami, Paul Auster o Philiph Roth tienen una escritura simple. Usan palabras normales, pero con un ritmo muy fluido. Y son excelentes narradores. En un párrafo dicen mucho sin necesidad de parecer pretenciosos.

Lo que quiero decir es que no todos pueden ser Borges o Sade o Proust.

Saludos.
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Re: Metamorfosis del odio.

Mensajepor Crikrien » Dom Sep 14, 2014 7:38 pm

Pues agradezco el comentario y el tiempo invertido en leer. Un saludo y poco más.
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Re: Metamorfosis del odio.

Mensajepor Crikrien » Lun Sep 22, 2014 1:41 am

Perdón por el doble post pero ya que la acabé la voy a postear entera aquí..

Fotografía número 3

“Cava hondo, hay petróleo.” Cold Specks - Lay Me Down



Spoiler: Mostrar
-Hubo sangre en mis manos por primera vez. No era mi sangre. Era la sangre de otra persona.

Cuervos habitan en cualquier hogar dentro de nosotros, sin embargo no esperas que ellos tengan nombre. Un nombre que escribe en letras de sangre lo que siempre quisiste evitar. Que tus días fueran los del todo o nada. Déjame caer. Oh Dios si existes, déjame caer. Al profundo pozo donde habitan los que son como yo. La luna salvaje estaba esperando junto a la parca. El día en el que los cuervos inteligentes tomaron a ese muchacho, tierno y gentil en un pobre diablo.

No hay tiempos para misericordia. No hay época para guardarte las espaldas sin un cuchillo y si por fortuna, tú la tienes, enhorabuena. Salva tu culo de la infecciosa realidad y vive tus días en tu ignorancia. No te acerques a los cuervos, evita entrar en esa armadura que tenemos. Por favor, óyeme. No abras esa puerta que te habla de quién eres y pone nombre a los cuervos.

-¿Quién era aquel del que decoran mis manos de sangre en el suelo? No era un hombre cualquiera. Era un niño. Era ese niño que corría por las mañanas para no llegar tarde a la escuela. Ese niño que miraba por la ventana las luces en navidad que decoraban los árboles de la ciudad. Era ese niño que llegaba cansado después de estar horas jugando al fútbol. Era ese niño que no veía más allá de sus amigos de colegio. ¿Dónde está ahora esa alma inquieta? ¿Dónde quedó ese niño alegre? Ahora yace muerto y siento que he sido yo quien le ha cortado el cuello. Le maté para sobrevivir me dije. Le maté para vivir, me dije. Es falso. Solo le maté porque los cuervos tienen nombre. Lo siento hijo, pero papá y mamá ya no están aquí y el amor de tu infancia no existe. Fue un cuento como todo.

Disparó otra vez su arma, dejando a aquel hombre, padre de familia muerto en el suelo. No hay mártires ni santos. Familias en las que quedaban grietas que se unen tras la tragedia y el corazón descorazonado de los cuervos que tienen nombre. Tomó de su chaqueta el mensaje. El poder en las manos de ese hombre había ocasionado cual engranaje que la maquinaria seguiría funcionando y si no hay Dios, ni dioses para impartir justicia, algunos hombres y algunas mujeres creen que deben ocupar ese lugar. Arriesgan su mente y la cohesión de su espíritu a la postre por un ideal fanático. ¿El hombre se convierte en bestia para iniciar la causa del hombre? ¿Solo siendo perros cínicos podremos ser libres? ¿Hay camino posible una vez que cruzas la linea? Disparó una quinta vez, era su primera vez y fue personal, aunque no conociera a aquel hombre. Fue personal. Tenía que ser personal. No podía ser de otra forma. Fue algo personal.

El primero cuervo salió de la jaula. Su nombre era Adán, sacó del barro la lanza y la clavó profunda en el águila que vigilaba su independencia. Lilith, murió, porque tenía que morir. Madre, perdona a los que vieron como Adán nacía. ¿Él estuvo ahí? ¿Desde el comienzo? O... fue creado por el demiurgo. Saben los valles de barro que hoy no habrá lluvia ni tierra, solo una historia que sucedió una vez en algún lugar. Érase una vez, la primera vez que le arrebató a un ser humano su vida y a diferencia de lo que decían los cristianos, no hubo remordimientos. Solo confort. Un cálido sentimiento y unos pulmones que por primera vez respiraron aire de verdad. Aire de libertad. Asquerosa idea de libertad. Bella idea de libertad. El niño estaba de pie, frente a una cueva llena de moscas en sus paredes. Moscas peludas que zumbaban como locas, un ruido ensordecedor. El niño tenía sangre en la cabeza y al avanzar se le clavaban pinchos en los píes. Atravesaban sus pies. Sostenía una pistola en su mano y disparó contra sus pies, y éstos dejaron de doler y comenzaron a sangrar más. Levantó su rostro y se puso la pistola, entre lágrimas de dolor, en la boca. Aprieta el gatillo y anda sin sufrimiento como un alma hacia la luz dentro de la caverna. Es mejor estar dentro de la caverna y ser libre, que salir fuera y esclavizarte.



Fotografía número 4

“Una llamada del sistema, digo de Dios.” The White Buffalo - The Matador




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Corrían dos chiquillos entre las ruinas de una vieja fábrica. Uno de ellos era bastante gordinflón y le costaba seguir al otro, pero no dejaba de seguir su estela. Quería ser como él. No dejaba de seguirle como el niño al que quería emular. Mientras el viento agitaba en aquella tarde verano al muchacho. Los niños corrían al pilla-pilla, y aquel niño gordito cansado se tuvo que sentar.
-¿Ya no puedes más?
-Es...espera...-Respondió mientras recuperaba el aliento.
-Vamos Sancho, vamos. ¿A qué no me pillas?
Siguieron corriendo como si no hubiera un mañana. Apareció un gran coche blanco y de él salió una mujer muy vieja con ropa sintética y una camiseta de ayuda a los animales desprotegidos de un continente lejano.
-Oh mi pequeño. ¿Qué hacéis aquí tan solitos?
-Jugamos señora. -Respondió seguro el niño más delgado.
-¿Tienes los ojos rojos? ¿Cuál es tu nombre muchachito?
-Duval, Lucio Duval.
El gesto de la mujer cambió sorprendida.
-¿Y tu amiguito?
-Sa...sa..Sancho señora.
-¿Sin apellidos niñito?
Avergonzado el niño gordito dijo que sí. No tener apellidos era no tener familia. Los ojos y el rostro de la mujer cambiaron. Se sonrió entre saliva su boca de implantes. Unos hombres de blanco vinieron hacia nosotros. El guiño en el ojo de aquella vegana fue como la maldición de Caín. Hicieron de los pre-púberes una plaza cerrada y tomaron a Sancho. Entre gritos de terror y la lucha férrea de Lucio aquellos hombres de blanco metieron a Sancho en el coche de la vieja. Una chica de gafas negras y un traje de hombre negro cogió a Lucio. Sancho gritaba y gritaba llamando a Lucio. La chica llevaba un brazalete de esclava, algo de lo que Lucio aún no se había percatado, pero que pasado el tiempo sabría bien que significa. Ser ciudadano en ciertas democracias es como ser ateo en ciertas religiones. Lloró y lloró Lucio en su cama. Sus padres no oyeron y le dijeron que más le valdría no saber qué pasó con Sancho. Lucio no dejaba de sentirse herido, pero no conoció la verdad.

En lúgubre sótano. La verdad era... la verdad.... ¿Es necesaria? A veces la verdad.... es injusta, es cruel, es oscura. A veces la verdad, es ajena.

Las hormigas recorren largos caminos para buscar comida durante el tiempo estival. No sé si ven u oyen, pero estoy seguro que aquello que sucedía en ese sótano de matadores no entra dentro de sus existencia. A solo un palmo la anciana obligaba a Sancho a que le comiera su coño arrugado y envejecido, le forzada con azotes y le golpeaba con una vara mientras el pervertido de su marido sodomizaba al pequeño Sancho que no paraba de llorar, pero de Sancho ¿Quién se va a acordar? ¿Tú? ¿Ellos? ¿Yo? Ya no sería tan gordo, porque ya no tendría nada con lo que comer. Ya no sería nunca más un niño. Que triste resulta cuando intentas coger con cuidado una hormiga para apartarla de tu vientre y ves como te es imposible controlar tu fuerza y acabas reventándole las patas. Sabes que algo muere con su tormento. Sabes que la inocencia se deshace en halagos para con la fantasía, pero que tú has allanado el terreno a algo más profundo de ti mismo. El calvario de Sancho acabó. Acabará y volverá. La soga en mano dejó. El papel cortado continuó. Ríos de tinta roja le permitieron pintar una carita feliz en las paredes. Los otros niños esclavos le vieron, pero el miedo a la muerte les hizo dudar y se equivocaron. Porque cuando dentro del sistema los ciudadanos son esclavos de él y dependientes de él. El suicidio no es una opción, sino un deber.


Fotografía número 5

“El primer beso” Jack Savoretti - Soldiers Eyes



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Era una noche hermosa, pero no era un buen día. No caían las gotas de lluvia. No había pasiones. Solo el silencio entre hermanos. Muchas muertes entre los nuestros, pocas entre nuestros enemigos. Un tablero entre negros y blancos, ¿Quién es peón? ¿Quién es rey? El valor de unos y de otros. El peón que se convirtió en dama, el peón que venció al rey. Abatidos el silencio ahogaba penas junto a las últimas bebidas, de esas que hacían daño al hígado. De esas que ya no se fabricaban. Junto a ellas un par de perritos calientes que los ecologistas enfermizos por la sociedad del sistema detestaban. Éramos monstruos. Eras lunas rotas por el paso del tiempo.

Ecos de una piedra que vuela sobre la superficie del lago, soñando con llegar al otro lado, pero sabedora de que posiblemente se hunda. Yazca el resto de su existencia junto a otras piedras que nunca se movieron sino es por la corriente. Aunque el caso es que ese instante, ¿Mereció la pena?

Lloró él en un rincón. Lloró amargamente cuando tuvo que ser raudo para secarse las lágrimas. Ella se le acercó y le abrazó. No había sentido la calidez de otro ser humano sin que hubiera pagado antes. En un mundo trastornado donde nadie sabe quién es, el afecto parece ser una moneda cara. De ahí que, haya actos que uno no pueda olvidar. Cosas que hacemos. Cosas que hacemos.
-Hoy he matado a cinco personas. Había una niña.
La sinceridad a una mujer nace en ocasiones de la semilla de la desesperación por una madre de vuelta. Pocas palabras nos cruzamos hasta ese momento. Demasiadas miradas. Una más dentro de una manada de lobos. La sinceridad no estaba justificada, pero estábamos protegidos. No dudó. Confió en una aparente desconocida que formaba parte de la manada. ¿Es eso lo que se llama familia? ¿Existe acaso? ¿Es real?
-¿Te doy miedo?
-A mí nada me asusta.
-Mentira. Algo habrá. Siempre hay algo.
Ella le besó. En un rincón de aquel antro, de aquel bar, de aquella apestosa ciudad. Un corto beso que no tenía mucho sentido, pero acaso ¿La atracción tiene sentido? Fueron los ojos tristes de cachorro. El desconsuelo. El cúmulo de sentimientos. Él dejó a un lado su ser y la correspondió con fuerza. Empujando su cuerpo contra la pared y besándola con más fiereza. ¿Lo estás viendo? Son pedazos de armadura que caen. Rotos por el contacto. Mientras la besaba se frenó de ser un animal.
-¿Quién eres?
-Nadie. ¿Y tú?
-Alguien....
Ambos se quedaron quietos mirándose. Atónitos. Descarnados en palabras parcas, pero frontales. Directas al ego. Lo que no es puede ser cualquier cosa. Lo que es solo puede ser lo que es. Los que no se conocen solo creen en lo que ven. Los que se conocen solo hieren con cuchillos al corazón. El tiempo de espera se detuvo y decidieron no pensar en nada más. Llenarse la boca de la saliva del otro era el mejor riesgo que podían tomar en ese momento, o el único. En ese mismo rincón, él la tomó de la mano llevándola a un viejo y destrozado cuarto de baño. Desnudándose no dudaron ni un segundo en mirarse sin vergüenza. ¿Dónde estás pecado original? ¿Dónde la manzana de Satán? El Edén quedaba tan cercano. Tal vez, más cerca que el infierno donde el dios japonés descendió, para volverse, asustadizo de su bella y destructora acompañante. Hay teclas que se tocan mejor sin barreras. Hay besos que saben mejor sin impedimentos. Sin afectos. Sin prejuicios. Superficiales. Espontáneos. Incontrolados. Sin amor. Sin perspectivas de futuro. Sin ¿Qué haremos mañana? Hay besos que saben mejor a la luz de la oscuridad, que tras el velo nocturno del sol que todo lo muestra. Encarnan la esperanza entre ruinas metálicas y ácidas de corazones rotos y cerebros celosos. Mentes criminales no tienen espacio para el amor.



Fotografía número 6

“Cuando un loco te llama loco. Hazle caso.”Judas Priest - Halls of Valhalla



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La cresta alza para quienes pueden llevarlas aunque sea en espíritu. Escriben las pintadas de nuestra marcha frente a las tormentas negras. El virus se extiende. Los ecos de pánico hablan por sí solo. Los medios se movilizan contra los terroristas, los asesinos. Es un día triste para la ciudadanía, la ejemplar mujer ha perdido a su familia, esa “ejemplar” mujer que vio morir a su hija y lloraba tendida. La misma que vendía carne de niño huérfano en su cadena de comercialización. La misma que ató esclavos con cadenas y les puso un cartel de precio. La misma que promovió las medidas ante pobreza que pasaban por el exterminio masivo de aquellos que no pudieran pagar el tributo o en el mejor de los casos la expulsión en los barrios sin ley. Hijos e hijas que jamás hicieron nada, salvo aprovecharse del dinero manchado de sangre sin dudar ni un instante. Un marido que ocupó un cargo de importancia gracias a las amistades de aquella sagrada mujer que jamás se mereció esto.

Azuzan a los humanos como animales y esperan que los humanos no muerdan. Somos perros apaleados, pero no tanto. Cuando nos morimos de hambre y nos ofreces pasteles arde París. Bienvenida al Valhalla. Aquí donde acabaremos los guerreros. Tú también lo fuiste. ¿Verdad? Fuiste una guerrera para llenar tus bolsillos.

Nuestras pintadas cubren las paredes de guerra contra el liberticidio. Contra los esclavistas. Contra los amos que han decidido saltarse las normas de cortesía. Jinetes en córceles de dos ruedas. Recorren las calles bajo el cobijo de la noche. Jinetes sin piedad. Sin misericordia. Escriben los señuelos de aquellos que formaron en filas junto a lo que ahora son objetivos. Parece que en la casa del herrero la cuchara siempre seguirá siendo de madera.

El madero del que muchos se arrodillan. El pacto de una sangre que muchos buscan. El perro rojo viene a unirse con nosotros. Con nuestro cantar. ¿Acaso es lícita la filosofía de la existencia? ¿Deberíamos como Sartre predijo temer por lo que la libertad nos hace obrar? ¿Hasta que punto los perros deben ser amaestrados? ¿Cuál es la linea entre los hombres y los animales? ¿Existe esa linea? ¿Somos un eterno retorno? ¿Podríamos escapar de nuestra voluntad para alcanzar el Nirvana? ¿La conjura de los deseos de libertad no es acaso otra forma de enunciar la cárcel? ¿Pueden las armas ser el símbolo de la voluntad libre? ¿La paz es la vía aunque ella suponga el exterminio de la razón en favor de la moral? ¿Somos peces en un acuario o en un mar? El océano es el descanso de los ríos, pero nadie dijo que las montañas eran las que sufrían pariéndolos y viendo como esos hijos que engendran las erosionan y destruyen.

¿Demencial? ¿Hasta que punto puede un cuerdo ser loco por querer ser loco? ¿Hasta que punto un hombre o una mujer pierden la razón en favor del exterminio? ¿Pueden las opiniones sustentarse sin ese agridulce recelo al cambio? ¿Somos marea que va y viene o mera transformación con firme pilar que en el fondo nunca cambia? ¿Podemos eludir el sufrimiento mundano con grandes ideales a los que entregarnos? ¿Sirve la política como medio para catalogar a otras personas sin preocuparse en conocerlas? Ellos son los buenos, nosotros los buenos, aquellos los buenos, los otros los buenos. ¿Quiénes son? ¿Qué somos? ¿De qué sirve cosificar a un individuo según su género o su ideología? ¿Juzgar mediante actos o juzgar mediante individuos? ¿Esclarece eso que la guerra solo da una justicia la de aquellos que vencieron? Puede el paso inexorable del tiempo ser la única ruta a la que agarrarse, el único clavo ardiente al que aferrarse. Pero es terrorífico, ese agujero negro que supone el tiempo. Todo lo engulle. Personas. Hechos. Historias. Vida. Muerte. Y acabas siendo pasado aún en presente. Llevando en soledad este lastre al que llamas recuerdo y movido por la nostalgia que te hunde al pensar en aquello que pasó. Por ello no podemos volvernos atrás, pero por ello cada vez que pensamos somos locos.



Fotografía número 7

“Oh Padre. ¿Por qué no me has abandonado?” Ave María



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Cae la noche y aún queda una pequeña iglesia en píe. La última y deshabitada, libre de los pecadores que se hacían llamar vicarios de Dios, abierta como en su fundación. Una iglesia pequeña hecha de piedra. El ruido de coches, motores no contaminantes y miles de personas masificadas se tropiezan con el aroma de esa iglesia.

-Me sentía sucio. Como Satanás cuando acude a la casa de su Padre. El ángel que lo perdió todo por rebelarse ante Dios. Los pasos son de plomo y el silencio se apodera de aquella estancia. Sientes lo sagrado y también como ello te afecta. Es como si picase en la piel lo sagrado. Luzbel jamás dejó de mirar al cielo para volver. Yo jamás dejé de soñar en el día en el que todo se hundiera para mí y pudiera sufrir el castigo por desaparovechar las virtudes de las que Dios me hizo poseedor.

El trance se hace hueco. Los restos de los bancos aún permiten a un viejo peregrino sentarse. Él se arrodilla y llora amargamente. Cae desplomado y siente que el cuerpo le pesa como nunca nada en este mundo. Como si le costase levantar los brazos. Se santigua y habla en susurro a lo que queda de un Cristo crucificado, sin brazos ni piernas por las guerras y los vándalos.
-Dios es la voz del silencio.

No hay salida. Estoy vivo.

-Padre, no me apetece seguir haciéndote favores por nada. Sigues velando por mí, pero porque siempre quedará la duda de si eres real o no.

Dios ignoto como falsedad. Como un papel de mentira. Un Dios que no existe y del cuál sus milagros decaen solo en el ímpetu del creyente y en el azar del cosmos. El Dios como muestra de azar guiado, puede que este azar no sea sino Dios hablando. ¿Hablando el silencio? Dios siempre nos responde con silencio. Y lo más preocupante, que existiera jugando a los dados con cientos de planetas y seres vivos. No, ¿Por qué debería un Dios creador ser meticuloso? Creó la perfección y luego la dejó al libre albedrío del azar. Él jugó a los dados por diversión, porque quien es omnipresente se aburre. Seguro que se aburre. Cuando existe consciencia siempre hay aburrimiento. Y si no se aburriese, no sentiría nada, por lo que sería solamente un robot que pare vida y nada le importa de cuanto pare. Todo el día expulsando de su vientre seres vivos e inertes, si no jugase por deleite ¿Para qué pensar en nosotros? Somos menos que microbios en el universo, somos menos que nada.

Oyes las voces. El Dies Irae se avecina. Y no importa cuanto intentes ser estúpido o fanático, al final, los artistas siempre dudan. Al cuestionar la ideología que sigues, siempre caes lejos del fanatismo. Te excluyes a ti mismos incluso entre los tuyos y acabas vagando solo, escribiendo solo y hablando con personas que no te aportan nada, pero que hacen compañía a este cuerpo moribundo que aún se mantiene en pie. Las imágenes pueden doler más que los golpes. Y Dios puede existir o no existir, sin embargo eso no quita que aquella iglesia tuviera algo. Cultural, alieanante que te hace salir de ti mismos. Lejos del murmullo de la vida vulgar. Con ansias de ascender, de existir más allá. Los vuelcos de la negritud. De la divaganción que forman una pieza unida contigo mismo. ¿Quién eres? ¿Quién habla?

-No me perdones por lo que voy a hacer. Padre.



Fotografía número 8

“El río siempre acaba en la hoz.” Mississippi Twilight - Here and Gone



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Flotan en un mar de acero. Cadáveres de miembros ricos de la élite. Aparecen siniestros hombres salidos de grandes demonios metálicos. Luces y ojos amarillos en la noche. Luciérnagas de metralla. El traje de noche esconde los actos de los ángeles. Caídos ángeles que obedecen a un falso profeta. Cinturones en el cuello para el ganado humano. Violencia necesaria para amaestrar a los esclavos, cuando éstos se creyeron libres de pensar.
El inocencia mira escondida. Como el arrullo del agua en medio de la tormenta. Son los buenos quienes ahora apresan a los padres de la inocencia.
-Somos miembros del gobierno. Esto es una locura.
Una voz paciente y relajada responde al padre del inocente.
-El presente es presente, y aunque heredero del pasado, sigue siendo presente.
-¡Estáis locos! ¡La gente notará nuestra ausencia! ¡Somos políticos!
-Cuando aderezas la mesa a unos invitados siempre pones la cubertería buena que jamás usas. -Le respondió.- Luego escupes en la comida que les sirves y nadie se da cuenta. El tenedor de oro y plata es demasiado atrayente para saborear la comida. ¿Dónde está vuestro hijo? El de la mutación en los ojos.
-Lejos, muy lejos de aquí.
El inocente tiembla de miedo. El inocente no sabe si le encontrarán. Siente que la mano golpea suave por las paredes buscando al ratón, cual trampa de queso. Es gata esa mano para atrapar al ratón. Corres inquieto en tu cabeza, quieres irte lejos de allí. Quieres sentir el aire lejos y no ver a aquellos tipos de negro. Caen los casquillos que deben caer. No personas, números que aumentan. No humanos, obstáculos.
Rasca en el suelo y el gato encuentra su cena. Como el oso hormiguero haya su hormiga. Lo saborea y lo agarra con fuerza de la cabeza.
-Tú, mutante. Nos servirás bastante bien.
El inocente patalea y recuerda a Sancho. Recuerda como se llevaron a su amigo. Sabe que él correrá la misma suerte o peor de la que soñó en sus pesadillas. Su padre es otro cadáver más del sistema. Su madre es un juguete sexual de un par de soldados, ella grita, pero nadie oirá sus gritos y cuando el aburrimiento venga el tiro en la nuca silenciará su historia y por suerte su sufrimiento.
-Este no es un lugar para santos chaval. Cuando antes lo aprendas mejor.
El inocente de ojos rojos llora, pero le tapan la boca y los ojos. Oye el sonido metálico de los demonios de cuatro ruedas. El traqueteo del viaje. Oye como el mundo se mueve a su alrededor y es consciente de que él está moviéndose. Oye voces que hablan de forma jovial.
-Descuartizaremos a estos y acabamos por esta noche.
-Menos mal, estoy deseando echar un polvo.
-¿Iremos a ese bar luego?
-Si.
-¿Tantas ganas tienes de follar a esa camarera?
-Pues claro, ¿Le viste las tetas que tenía?
-Pero quieres algo más.
-Na, solo tengo ganas de correrme en sus tetas después de una buena mamada.
-Tiene pinta de chuparla bien.
-Seee. Unos buenos labios. Oye, ¿Cómo fue la madre de este desgraciado? ¿Se movió mucho?
-Demasiado, joder, tuvimos que destrozarle la cara para que se estuviese quieta mientras me la follaba. Zorra.
-¿Por qué estás tan cabreado?
-Esa puta me mordió la polla mientras me la chupaba, joder, tuvimos que romperle los dientes, ostia.
Todos reían. Reían y reían.



Fotografía número 9

“Juegas las cartas equivocadas” Elle King - “Playing for keeps”



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Un perro negro con la oreja puntiaguda mira a lo lejos. Medio rostro quemado y en carne viva. Aullla mirando a Duval. El perro no se le acerca, sus ojos están tristes, pero hay fuego en ellos. Hay fuego en ellos.
-¿Eres tú? ¿Qué te ha sucedido?
-Una lección. -Responde el perro.- Lecciones del futuro que acecen en mi presente.
Duval se queda atónito. Sueño o realidad el perro aulla al cielo. Está esperando a que la luna descienda. ¿Por qué no aparece? ¿Dónde está la luna? Entre corderos vestidos de lobos y lobos vestidos de corderos. El eterno retorno, la eterna lucha. Dos estrellas chocan, pero ninguna está en especial diferente, salvo el lugar en el que se encuentran, que al moverse las hace chocar. ¿Son tan diferentes como creen? Cuando las estrellas se enfrentan. ¿Tan diferentes son? La extensión de una política de movimientos que ha destronado el retroceso. Si no quisieran colisionar. ¿Deberían dar un rodeo? Pero ¿Y el camino más recto? ¿Dejarías el camino más recto por no pelear?

El problema viene detrás, dos estrellas que chocan cuando una persigue a la otra sin que la primera se sienta perseguida, sino protegida. Por detrás. Por el afecto y la espalda cubierta que se piensa la primera estrella. Una mano saca del sueño.
-¿Estás bien?
-Sí... es solo... ese perro.
-¿Cuál?
-Aquel....-Dijo señalando, pero al hacerlo bajó un poco su brazo pues no lo vio más.- ¿Dónde?
-¿Seguro que estás bien?
-Sí...
La luna apareció esta vez sí. En lo alto. Llena como una moneda de oro pálido. Un ciclo de eternas decisiones y la vuelta de la espiral. La carretera que sigas siempre te devolverá al lugar del que partiste si la sigues recto, puesto que la tierra es redonda. El punto 0 es el mismo que la meta. Circunspecta naturaleza que se manifiesta como un lienzo que firma paredes doradas de andares taciturnos.



Fotografía número 10

“Lágrimas de acero” Zbigniew Preisner – Lacrimosa 2



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Vientos fugaces rompían en su melena, mientras compartían la noche que alumbrada por la luna era el fiel adorno de la vácula espesura de amor. Los sollozos de soledad morían con la calidez de sus labios y mientras en la cercanía del balcón se hallaba el cuadro que Duval había pintado de ella; sus pupilas bailaban al son de la bella música.

Suenan los labios que chocan gozosos y libres de prejuicios entre sí. Como si de un mañana inexistente el tiempo se congela de forma soberbia. Sus manos recorren su cintura y sabe bien que el sabor a belleza le hará libre y cómodo por una vez en su vida.

-Sabes que suena ridículo... pero... te amo.
-No digas eso, tonto... o me pondrás roja.
-Nunca he sido de.... ya sabes...
Ella le cogió de las manos y le besó.
-Lo sé. Ni yo.
Dedos largos que abrazaban con fuerza la cabeza de ella, dejando poco espacio para la división. Dos en uno y uno en dos. Unidos como si fuesen el mismo alma. Puede que haya un mañana donde el miedo caiga sobre ellos, sin embargo su amor les mantiene firmes y fuertes. Les mantiene fuertes frente al abismo que sobreviene.

Cabalgan los córceles y cuervos negros miran desde lejos. Como la sombra cae en nieve bajo la firmeza de quienes no se separan. Geminis ya no vive divinidad ni huidiza. Geminis describe que la finalización de la heterodoxia es una clave para sentirse libre. Geminis no habla. Calla. Es el libro de los sueños que antes estaba en nácar sus hojas y hoy el metal fundido cae sobre él para escribir las formas en las que entendemos el camino. Abrazados hasta la muerte como títeres que se entrelazan por su titiritero.

Fue la voluntad de un Dios cambiar el sentido de la atracción y convertirlo en un baile extraño de almas. El amor es real tal y como plantean o solo un reducto burgués que se ha quemado y carece de sentido junto a la monogamia insólita. Somos simios o de verdad sentimos el afecto gracias a la consciencia que nos domina. Somos la clave dentro de este puzzle, la llave que se ha oxidado sigue abriendo una última puerta. Sus versos y la forma en la que la llave abre esa puerta solo es el camino que tomamos hacia nuestros corazones. Corazas rotas, llaves oxidadas, puertas inmensas que desvanecen en un recuerdo amargo si tras entrar en hogar ajeno vuelves en la soledad en la que estuviste.

-Si muero...
-Yo moriré contigo.
-No podemos vivir según el otro... mi amada.
-Qué más da. ¿Con quién viviría sino? ¿Quién odia tanto como yo? ¿Quién ha perdido todo como yo?
Él asintió. Llevaba razón aquella pequeña. Por eso sus besos sabían tan bien.
-No me dejes solo nunca.
Colmillos caídos. Cachorro que ladra ahora como un perrito. Es tiempo para él de quien no existe más allá de su rabia. El lujo indescriptible para el diablo de sentirse otra vez ángel. El gusto por la bondad que cabe solo en corazones fríos y helados. Un instante de calor humano que se cuentan con una mano.
-No te dejaré nunca...


Fotografía número 11

“Clarinetes rojos” Zbigniew Preisner - Les Marionettes



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Clavos que desciednen suaves entre marejadas de estiércol humano. De las sombras aparece la máscara. Esta vez contenta habla.
-¿Dónde estará él? ¿Acudirá?
-Sí...-Responde temblorosa una voz.
-Sabes que te recompensaremos con creces por tus servicios. ¿Qué te hace dudar?
-Nada...
-Él fue el hombre que mató a tu familia. Tus padres, tus hermanos, tu novio. ¿Por qué dudas?
-No dudo...
-No mentirás como otras veces.
-No lo hago....
-¿Estará allí?
-Lo estará.
La risa de la máscara se acrecienta al conocer que aquella voz traicionera no mentía.
-¿Y quienes irán con él?
-Solo los fieles. Los hombres de su confianza.
-A la hora que enviaste. ¿Cierto?
-Sin cambios.
-Si esta vez fallamos, te mataremos a ti y a tu hijo.
-Lo sé, pero no lo hago por miedo a la muerte o que matéis a ese diablo que tengo por hijo.
-¿Venganza?
-Sí. No hay nada más salvo mi venganza y el hecho de que nunca volveré a ver a mi amor, ni a mi hermano, ni a mis padres. Ese daño no se olvida nunca. Y jamás pienso olvidarlo.
-Después de tantos años, ¿Aún te duele?
Se hizo el silencio.
-No quieres hablar. Bueno no importa.
La máscara marchó sibilina, escurridiza y ladina.


Fotografía número 12


“Humo y polvo” Black to black -Amy Winehouse



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El suelo está frío, pero es cómodo. La sangre que sale de mi costado me calienta. Es el final que esperaría. El que merecería. ¿Qué somos en este mundo dispar? ¿Nos merecemos la vida? ¿El derecho a la vida es una realidad o una infamia? Yazco solo y destrozado. Muerto. Mi ser no siente nada. Me pitan los oídos. Mi rostro arde. Arde demasiado. Me siento cansado. Tal vez sea hora de descansar en la noche. De no decir más palabras. De escarbar en mi ser y regocijarme en mí mismo. He perdido todo lo que soy, no me apetece volver. Salgo de mi cuerpo hacia una luz de fuego, hacia un infierno de miedo, pero no hay dolor. Hay paz. Mi vida se acaba y hay paz. Se acabó todo para mí. No he sido castigado lo suficiente. Es duro volver atrás. Es triste saludar. Amar es perder. Amar es perder. Amar es perder. Amar es perder.

Nefelibato de extrañas tierras. Mi rostro está ardiendo, pero poco parece importar el puente transparente que atraviesa los cielos. Hay notas musicales pintadas en él, como si de un gran piano curvo se tratase. Trasládome hacia la luna. Mis ojos se vuelven nubes y borrosa es la estepa de mi boca. Es ácido lo que deleita a mi muro. Ladrillo y estrella que chocan contra mi muro. Exhalo el aliento que pas a través de mis dientes. Rechinan los lúgubres recuerdos. Quemazón en mi cuerpo. El pitido final que avisó. Un fantasma entre el humo que empuña una pistola.

-¿Vienes a matarme? ¿Has venido a acabar el trabajo?
El orgullo no se pierde, ni entre las cenizas de mi fuego errado. ¿Por qué la naturaleza borra imágenes de aquello? Mi memoria se pierde en fogonazos de pasado, actos que son producto de mi intuición, cinco disparos desde mi pequeña recortada al tobillo y mi agresor se desploma. Su cara me es familiar. ¿Tú? Imposible. No veo bien del ojo derecho y consigo levantarme.

El lobo se mueve. Aún se mueve el lobo. Aún tienen piernas para andar. Mientras queden piernas para andar, seguiré matando sin piedad. Mi odio parecía que deseaba mantenerme vivo. No pienso morir, no moriré así. Antes debo vengarme. Mi rabia no conocerá limites. Mi violencia se extenderá por el mundo finito hasta ser considerado propio de la vacuidad e infinidad. Soy la transformación necesaria tras la incubación.
-Me tenéis hasta la puta polla todos. Me tenéis hasta los putos cojones.

Arded de una puta vez por todas. Mi testa se mantiene erguida y puedo andar. Uso una piedra para cortarle la piedra al traidor y la uso para atarme mi propia pierna y usarlo como palo. Cojea herido el lobo, pero sigue andando. Cojea, pero sigue andando. Recortada en mano, sigue teniendo colmillos.

Hay valles verdes que son preciosos cuando el sol se pone. Luego la hinchazón regresa, rojiza para que te la arrasques. El pastel se ha marchitado. El interior se ha llenado de pintura negra. La dureza no te hará regresar. ¿Te pica? ¿Te pica? Lo hace. Te pica. El placer será momentáneo si te rascas la herida. Regresaste al polvo y el humo. Al pitido y uno de los tuyos, uno fiel te toma para protegerte. Miras en la paranoia como si no supieras dónde estás. Apuntas a todos y a todo, esperando hallar a los demonios que abatir. Esta vez eres tú presa, no cazador.

El miedo recorre tus huesos cuando eres diana y no arma.




Fotografía número 13

“Telares quemados, hallando el ser.” Nina Simone Feeling Good



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El susurro de la sangre chorreando es tan precioso que ejerce un pequeño hechizo para cualquiera. La sutil navaja que tantas veces afeitó barbas, ahora afeita el cuello más bello y suave que existiera. Es la preciosa mujercita de la que sentiste amor. Desde atrás, las manos ensangrentadas son la efímera muestra de amor que queda. La has matado, bien porque era lo que debía hacer, no porque fuese mujer. Era el primer punto para dormir en paz. Con media cara quemada y tapada por una máscara blanca, Duval ha encontrado quien es.
-Al final, quisisteis esto. Tú Dios, has querido esto.
Mientras su vida sigue, ella habla.
-Lo hice por mi verdadero amor... ug... que nunca fuiste tú... un puto monstruo....
Duval acercó sus labios a la oreja de su esposa.
-Gracias por todo.
Y la besó en la mejilla, mientras manaba la sangre de su boca y poco a poco perdía la respiración y la vida. Con suavidad la dejó caer. Su hijo estaba en la habitación cercana y lo vio todo. Duval se señaló el rostro quemado.
-Lo hizo tu madre.
Duval sonrió, quitándose la máscara para que su hijo viera sus quemaduras y luego se la puso nuevamente. Cogió el cuerpo de su esposa y lo llevó como si fuera una noche de bodas. Y la llevó a las fuera de la casa, dejando tras de sí un reguero de sangre, uno de sus hombres, vestido de negro, le esperaba; tomó el cuerpo y lo llevó dentro del coche.
-¿Y la sangre?
Duval aún cojeaba con esfuerzo.
-La limpiaré yo, vosotros llevadla al bosque junto a los demás.
Duval se miró las manos llenas de sangre y apretó con la satisfacción de quién sabe. Soy lo que soy. Con la certeza de quién no sigue la doctrina del escepticismo. Con lentitud y agrado limpió cada palmo de camino rojo que dejó su esposa y por último se lavó las manos mientras su hijo miraba asustado. Entre la lágrimas de acero y el desconcierto, no decía nada. Aún era demasiado pequeño para comprender, pero sus ojos, su cara era como verla a ella repetida una y mil veces.

Había que hacer, lo que había que hacer, sin embargo otros asuntos atendían a ojos rojos. Fuego, gasolina y naturaleza. El principio de un nuevo mundo. De una nueva vida. De un nuevo atardecer. De una nueva noche. De una nueva luna llena.



Epílogo Hate

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Las gotas de lluvia caían como si llorasen los ángeles. Hace mucho tiempo que escuché ese cuento de que los ángeles lloraban. Gilipolleces. Y en mis manos tenía a mi pequeño bastardo. Criatura tan débil. Con cinco años sus ojos no eran rojos. Su rostro era como el de ella, no podía dejar de sentir asco hacia esta carga. Le miro con desaire una vez que atravesamos las puertas del "Paradise". Era fácil hacerlo si habías sido hijo de una rica familia y tenías contactos con muchos vagabundos. Y más fácil aún cuando te has convertido en el líder de la banda criminal que cambiará el mundo.

El pequeño niño lloraba, no entendía porqué estaba en ese sitio tan oscuro y sombrío. Era habitual abandonar a los niños cerca de viejas iglesias, pero un niño tan mayor. Dificílmente encontrará una buena familia. Será mejor que rece para ser un huérfano sin padres a que sea adoptado y así convertirse en un esclavo para que algún viejo se lo folle. El asfalto estaba quebrado. Los edificios eran ruinas y la gente se reunía en hogueras. No todo el guetto era así, pero esa zona en concreto era una zona deprimida. Llena de críos abandonados. El pequeño Duval se rascaba un ojo.
-¿Dónde está mamá? -Mascullaba.-
Yo me agaché. Recordé aquellas noches en las que le hablaba de la Mano Negra, también cuando le contaba las historias de Dorian Grey, la muerte de Atila y el club de la lucha. Le hablaba de filosofía que no entendía, a la luz de una lámparita pequeña. Una luz cálida y tenúe. Él no dejaba de agarrarme con fuerza la ropa.
-Papá... ¿Dónde está mamá?
Yo le miré fijamente. Hacía ya que mi mutación era visible. Ojos rojos. Ese era mi nombre. Ojos rojos. Ya no sería Lucio Duval desde que maté a mi esposa; Y ahora abandonando a mi pequeño Armando. Ahora sería Jack, Jack Kerouac. El salvador del mundo. En mi misión no cabe el cuidado de un engendro. Antes de mirarle le cogí con fuerza de los hombros, gritándole.
-¡No llores más! ¡Mamá está muerta!
Él lloró. No paraba de llorar y de negarlo con la cabeza hasta que le di un tortazo.
-No seas estúpido y escucha bien.
¿Qué iba a escuchar un puto crío de cinco años? Dudé si decírselo, pero sin lugar a dudas debía decírselo. Era lo único que podía aconsejarle en el mundo venidero. Intenté gesticular para que me entendiese.
-Escúchame bien. -Armando asintió. Yo saqué un bolígrafo y le remangué para que viese mientras se la escribía y se la decía.- Nunca... confíes... en nadie. En nadie. ¿De acuerdo? ¿Me prometes que lo recordarás? Nunca confíes en nadie. Nunca. En nadie debes confíar. En N-A-D-I-E.
Aquel parásito sangre de mi sangre asintió con la cabeza, aún con mocos en la nariz. Yo le besé en la frente y me fui. Intentó seguirme, pero le paré en seco.
-Nunca confíes en nadie. No te volver a ver nunca.
En ese momento, Armando no lo entendió, sin embargo no me siguió más. Lo último que vi fue a un niño con un chandal demasiado grande que ponía el simbolo de la desconfianza, sollozando y mirándome.
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Dioses del metal

Mensajepor Crikrien » Mié Oct 08, 2014 2:11 pm

Dioses del metal.

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La lluvia corría con ganas por todo el cobijo de la selva de hormigón. La luna llena no se dejaba mostrar, pero se intuía. Entre los callejones corría una persona oscura a las luces de las farolas. Como el huidizo diablo que debe preservar su identidad en el anonimato. Llegado a un portal llama, no sin dejar de mirar a todos los lados. Al entrar le recibe una mujer de cabellos rojos y le deja entrar. Empapado consigue quitarse el abrigo negro y las botas negras. Se sienta en una silla cercana y mira al techo durante un suspiro para reincorporarse.
-¿Tienes para hacerme algo caliente? -Dijo con voz tenue, casi hastiada por la existencia.
-¿Chocolate?
-Eso puede servir, ¿Dónde me lo hago?
-No, olvidalo, ya voy yo.
La muchacha era delgada y llevaba una ropa de chandal y unos pantalones cómodos. El silencio se apoderó de la habitación, decorada con algunos póster de cine ruso constructivista. Un poco del acorazado, otro poco del cine-ojo, un poco de todo. Al rato de oír como bullía la leche la chica trajo el chocolate caliente.
-Cuidado, que quema.
-Gracias.
Durante varios sorbos y el silencio que se mantenía ella decidió hablar.
-Sabes que mi marido volverá de su viaje de negocios. Que ya no podrás quedarte....
-Lo sé.
-¿Qué harás?
-No lo sé.... Estoy jodido -susurró entre dientes mientras se mordía el índice.- muy jodido.
-No puedes hablar con nadie. ¿Pedir ayuda a Veth.
-No serviría de nada. ..-La imagen de Veth disparándole se vino a su cabeza. Ojos verdes.
-¿Qué has hecho?
-Destruir la vieja era.
-Yo no puedo ayudarte más...
-No temas. Te lo agradezco. -El joven de cabellos negros se percató de un pequeño arañazo en la muchacha.- ¿Estás herida?
-Es un fallo... e intentado arreglarlo, pero mi procesador de regeneración orgánica no parece funcionar.
El chico se levantó, su brazo se desarmó y consiguió con un láser quitar la piel de la zona afectada, dejando ver los circuitos que había debajo. Después trasplantó células suyas de su brazo y vendó a la chica.
-Después de dos horas deberías volver a tener la piel como nueva.
-Gracias.
-Si tu marido descubre lo que eres...
-Estaría en problemas. -Dijo sonriendo.-
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Crikrien » Sab Oct 11, 2014 4:14 pm




Enhorabuena escoria, pues vuestra es la modernidad.

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Las pupilas que miran hacen las veces de conversaciones que no salen de la boca de quienes hablan. Tantas relaciones y palabras que el viento se lleva sin saber cómo ni porqué acabaron siendo la nada. Personas que viajan alrededor de tu existencia para marcharse con pies de plomo tan rápido como acudieron. No hay sino pequeñas piezas rotas en lo que conforma el puzzle de tu vida. Un cofre helado que hace las veces de corazón y la sensación agría de que tu agrio temperamento juega como la marea que sacude el acantilado. Furiosa. Rabiosa, ante el temple de un océano en calma.

La masedumbre es la opción más vitoreada y la oscuridad parece un cobijo sensual al que los cuervos acuden. Hay hogar, hay comida, hay techo. ¿Qué más pueden pedir? La emoción de saber que todas estas palabras caerán en saco roto, no dejarán huella ni en quién las enuncia ni en quien las oye, como el paso inexorable del tiempo; esta humanidad fétida sigue siendo la causa de todos los males para los cuervos. ¿Dónde está el fuego de mis cenizas? ¿Dónde el fénix que renace? ¿Dónde el Tyler al que nada le importa?

Es una broma macabra de la cual, en el instante más triste y hundido, solo puedes sonreír, bajo la tempestad, riéndote como un loco sediento de sí mismo, cuya única droga es su propia carcajada. En un infame recuerdo de lo que fue, bajo la atenta mirada de una dama llamada cordura que corrió lejos con una venda en los ojos. Ciega, pues sabedora de que si retrocede su testa, se hayará muerta como la mujer de Orfeo. Nunca mires atrás si vives ya en el pasado. Los que viven a tu lado, en tu tiempo, son como marionetas que han escondido sus sentimientos para actuar en este juego de títeres, ellos y ellas aciertan, mientras que tu filosofía solo te convierte en un pensador ajeno a esta existencia. Soberbio y a la vez decadente. Anhelando como el psicópata la vulgaridad que sois, lo que le convierte en una caricatura de sí mismo cuando se transforma para relacionarse con otros.

En este mundo frío, solo hay cobijo para la frialdad. Viva los vencidos! Pues en ocasiones se les recuerda mil veces más que a los vencedores. Feliz navidad.

Enhorabuena a los normales, pues el mundo es vuestro. Y enhorabuena a los normales con esa fantasía de singuralidad, pues la modernidad es vuestra, aunque seáis la misma mierda cantante y danzante. A vosotros, los últimos, sois a los que más desprecio, pues sois como cristianos que no creen en Dios, pero viven bajo su dogma. A nosotros, a los nuestros, dadnos la enhorabuena pues el futuro y el futuro de vuestros putos hijos e hijas es nuestro. Ell@s nos estudiarán y jamás sabrán de vostr@s escoria moderna.
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Crikrien » Mié Nov 05, 2014 1:08 am

Es de noche y hay luna llena, un espacio soleado que me transforma en un muerto viviente. Enmascarado sin forma que anhela divertimentos que no existen. Abandonado incluso por sus propias amistades y rozando la demencia. Al final del trayecto, algunos van acompañados, el fénix va solo. Se quema a sí mismo y acaba por refundirse en una efímera bifurcación de sufrimiento. Calvario que presume verse vivido. Atiende, le dijo el esquimal a la farola. Atiende las teclas que suenan sobre la corriente.
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Sacha » Sab Nov 08, 2014 7:07 pm

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Aquí está Sacha
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Hace años que posteaste el epilogo "Hate" y me sigue gustando la crudeza y desapego por parte del padre y el desamparo de chiquillo.


"Enhorabuena escoria, pues vuestra es la modernidad" me ha arrancado una sonrisa y no se muy bien porque. XD ¿Será por la mala ostia que impregna el texto? ¿O quiza por "Es una broma macabra de la cual, en el instante más triste y hundido, solo puedes sonreír, bajo la tempestad, riéndote como un loco sediento de sí mismo, cuya única droga es su propia carcajada."?

Sobre Dioses del metal poco puedo opinar por el momento pero... ¿Androides revolucionarios? ¿Porqué no?

EDIT:
Por desgracia para vosotros sigo vivo. :)

El ¿poema?,¿soneto? ... ¡que más dá!; es romanticamente agridulce y por increible que parezca me ha tocado la fibra sensible (un poco; pero tras diez minutos de vomitar arcoiris ya estoy mejor XD), a pesar del tiempo no has perdido el toque.

Saludos
Última edición por Sacha el Mié Jul 15, 2015 5:35 pm, editado 1 vez en total.
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Crikrien » Lun Jun 08, 2015 7:23 pm

Se abrieron las ventanas,
el aire empezó a pasar,
parece el blanco de sonrisas de hoy
que dejaron de ser fantasmas en tu oído,
y no volveremos a sentir la seguridad,
nos haremos daño,
pero disfrutaremos de ello,

cayendo, perdiendo, ganando, amando, odiando
No necesito las mentiras,
para ver nuestra maldición,
no necesito un balón,
para volar al más allá,
y ahora nos preguntamos el porqué nos hicimos daño
y pensamos en ello.
Lo dijimos alto, esperando una respuesta

Cayendo, perdiendo y gritando, corriendo lejos en una onza





Una marea blanca y nieve por doquier.
La sensación de vacío extraña.
El cielo no es suficiente si no estás aquí.
No hay recompensa sin tus labios.
Superamos murallas en la batalla, para regresar a la cálidez de unos brazos.
Esa batalla que luchamos contra nuestra alma en una guerra extraña en tierra nativa.
El cielo está gris y es el día más feliz porque estamos juntos para verlo.
He olvidado que existía, por un momento, hemos existido como uno y como algo unido a un todo.
Fue una sensación cálida.
No se hace escritor, se sufre escribiendo, se ama escribiendo, se llora.
Amar para un escritor es como escribir una novela, hay drama, violencia, pasión, deseo, romanticismo y al final nunca sabes si debe acabar en tragedia o salvarle el culo a tu protagonista.
La memoria, las sonrisas, los recuerdos, las fotografías no se irán, porque soy un artista, jamás olvido nada, porque son mis balas. Balas cargadas para mi próxima obra, pero el pato que he de pagar es que aquellos y aquellas a quienes recuerdo pasan página y borran el historial, ese papel mental donde estabas tú. Yo sigo anclado en un espacio atemporal, donde aún hay pasado en el presente.
En el fondo, te quiero, pero en el fondo también dejé de querer hace mucho tiempo. Ya no queda corazón en estos pedazos de armadura helada. Eso está bien, vivir enamorado es vivir en la eterna derrota, la derrota absoluta, pero una dulce derrota.
Hoy puedo no ser nadie, mañana puedo ser indispensable en tu vida, pero ni yo ni tú querremos probarlo o tal vez sí.
Siempre hay montañas por escalar, pero si no te apetece no las escales, que les jodan a esos cerdos del positivismo.
¿Estamos desperdiciando nuestra vida? Bien, porque me gusta este desperdicio cuando estamos juntos.
Y si miras dentro de ti y no cumples tus sueños, alégrate, algunos sueños solo traen desgracia y autoengaño de realización. La masturbación mental de quien tiene cierto éxito es prueba de su mentira, pero ten cuidado, la masturbación de quién no tiene éxito todavía dará como resultado un genio. Si conoces alguien así, no lo dejes escapar, llegará lejos como yo.
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Capitan Pillo » Mié Sep 02, 2015 2:36 pm

Lol nobody read this.
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Re: Dioses del metal

Mensajepor Crikrien » Mié Sep 02, 2015 3:51 pm

A veces uno escribe por el placer de hacerlo, estas dos últimas no tienen métrica, ni tampoco son la mejor expresión de mis obras y por ende no son el summún de la escritura ni pretenden serlo. Reflejan el gusto de escribir con la música de fondo, a caballo entre el simbolismo y lo que es tal cual. Ni me paré a mirar gramática, ni rima, ni que tuviera que tener todo sentido, ni que fuese algo bello, ni nada por el estilo y ciertamente tampoco son para tirar cohetes, pero disfruté haciéndolas. Esa era la esencia de mi último post, uno que puse aquí hace mucho, es raro que te lo hayas leído ahora. A mí me hicieron feliz al hacerlas, con eso basta para estar orgulloso de ellas.
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