El aborto, su defensa o la postura contraria, es una materia muy propensa a derivar en argumentos de cariz religioso o, al menos, moralizante (en el peor sentido de esta palabra). Realmente, es casi una consecuencia inevitable de sus características pero trataré de ser lo más objetivo posible. Y pretendo esto porque considero que este, el de la defensa de la vida más allá de cualquier límite, es un tema que debe ser independiente de cualquier consideración de carácter confesional, pues es algo común a todos los hombres y no propiedad de una u otra religión.
Quiero apuntar antes de comenzar que no entiendo esto como un debate político: “aborto sí”, “aborto no”. Legal o ilegal, penado o subvencionado por el Estado. Es lógico y un deber del Estado legislar las conductas de la sociedad civil, entre ellas el aborto. Pero la posición ante esto no debe depender de su legalidad o de los casos en los que está o no permitido por los de arriba. El valor moral objetivo de un acto sigue siendo el mismo, independiente de la opinión de la mayoría o de la autoridad (civil, religiosa, cultural…).
Siempre siguiendo esta línea, tres son los argumentos que me gustaría presentar:
- La vida
Bajo este tópico tan general me gustaría plantearte, querido Pirata, una pregunta: ¿Dónde ponemos el límite? ¿Cuándo consideramos que algo es o no un ser vivo? ¿Qué criterios utilizamos? ¿Cómo juzgamos cuando un feto deja de ser un “tumor” para pasar a ser un bebé (si es que esa distinción es posible)?
Muchos dirán que en el mismo momento del nacimiento, cuando la madre da a luz a un hijo y este se convierte en un ser “independiente” – déjame entrecomillar la palabra, la gran “debilidad” del ser humano es precisamente que nunca es independiente. Así llegaríamos a situaciones o prácticas tan surrealistas como la del “medio nacimiento”. Si no consideramos al bebé un ser vivo hasta que nazca… ¿qué delito hay en matarlo durante el parto?
Sin embargo no son pocos los signos que nos muestran lo contrario. El bebé muestra signos de independencia (se mueve por su propia voluntad, por ejemplo) en cuanto adquiere un cierto grado de desarrollo. ¿Estaría ahí el límite? ¿Por qué? ¿Por qué no en cuanto se desarrollan los primeros órganos? O antes… ¿Acaso no existen organismos unicelulares totalmente dependientes excepto por unos cuantos rasgos que se consideran seres vivos? Y si es un ser vivo, es un ser humano (evidentemente no es una bacteria… ni tampoco una ballena). Y si es un ser humano y acabamos con su vida… ¿no es, por demagógico que suene, un asesinato?
- La responsabilidad
Un aspecto al que raras veces se alude, creo yo, a la hora de abordar una materia como el aborto es el de la responsabilidad. Al menos bajo mi punto de vista es algo fundamental, sobre todo en los tiempos que corren.
En una sociedad hedonista como la nuestra, en la que los valores están subordinados al placer (algo es bueno si es placentero) y en la que la sexualidad como fuente de placer está casi hasta sobrevalorada hasta el punto de rozarse muchas veces el esperpento, creo que es conveniente aludir a ello.
Tomando esto como punto de partida y considerando que la responsabilidad implica asumir de una forma coherente y madura las consecuencias de los actos propios (sean estas buenas o malas), coincidirás conmigo, espero, en que este aspecto tiene relevancia para nuestro debate.
Jugar al “juego de la sexualidad” sin límites, sin valorar los riesgos tiene sus consecuencias y pretender borrarlas de un soplo mediante técnicas abortivas (sobre todo teniendo en cuenta la gran variedad de métodos anticonceptivos que existen en la actualidad) es irresponsable. Es huir. No hay otra palabra que pueda definirlo. ¿Acaso encuentras una?
Es duro, pero el que juega con fuego, suele acabar quemándose.
- Efectos secundarios
El tema del daño psicológico de la mujer que aborta es un tema muy manido. Igualmente, aunque menos presente en los debates, está el asunto de las consecuencias fisiológicas que suponen las distintas intervenciones, especialmente aquellas que se llevan a cabo en las fases más avanzadas de la gestación.
Estos son, al menos, comparables a los daños posibles (tanto psicológicos como físicos) que podrían producirse durante el embarazo. Sobre todo cuando existen otras alternativas como “solución” a un embarazo no deseado (y aún independientemente de eso), ¿es moralmente justificable? ¿Podría incluso considerarse como “un mal menor”?
Así terminé mi primer post en el debate antes citado. En el suyo (que podéis consultar
aquí),
Pirata del Sol alegó algo así como ciertos motivos "humanitarios". La verdad, es que es un argumento que había escuchado alguna que otra vez. Pero, ¿son válidos esos argumentos? ¿Porque el mundo funciona mal eso justifica quitar una vida? Si el mundo funciona mal, que lo hace, lo que hay que hacer es cambiarlo y no “abortos preventivos”. Y
cambiar el mundo no es fácil, pero eso no implica que debamos optar por la solución más cómoda.Insisto, el mal funcionamiento del mundo o la irresponsabilidad de las personas no puede justificar nunca el aborto. ¿Qué diferencia existe, entonces, en asesinar a un bebé antes o después de que nazca? Si lo haces para evitar que crezca y viva en la miseria… Y quien dice a un bebé dice a alguien mayor. Lo haces por él, para que no sufra… ¿no?
“Para que no sufra”… Suena bien, suena bonito incluso, pero… aquí no nos importa o no nos debería importar cómo suene algo. Porque no estamos jugando con un producto comercial. Estamos jugando con vidas humanas. No se trata de vender. Se trata de vivir.
Si es así, para evitar el sufrimiento, podríamos justificar incluso un exterminio masivo en los países pobres, por ejemplo. ¿No crees? Es lo que se desprende, al menos, de la lógica de ese razonamiento. Si un niño tiene hambre, no lo mates: dale de comer. Si una madre no va a poder criar a su hijo, no mates a su hijo, ofrécele ayuda.
¿Lo mejor de todo? Que no estamos predestinados de ninguna forma. Gracias a Dios, el ser humano es libre y es capaz de transformar el mundo. Porque, aunque el mundo nos viene dado, somos capaces de interactuar con él y de cambiarlo. No podemos asegurar qué será un niño cuando crezca. Es cierto, el ambiente influye, pero no podemos asegurarlo.
Un solo hombre es capaz de revolucionar el mundo. Basta con que le den la oportunidad necesaria. Tú insistes en que los niños criados en ambientes pobres carecerán de esas oportunidades y eso sólo les comportará una vida de sufrimiento. Con eso, parece, tratas de justificar el aborto.
Aquí es donde quiero enlazar, si me permites, con algo que ya te planteé en mi exposición inicial: la responsabilidad. Sin querer repetirme mucho, la solución a los embarazos no deseados, existiendo tantas otras posibilidades distintas para prevenirlos o para darles “salidas” más positivas (como los anticonceptivos en el primer caso o la adopción en el segundo), el aborto no puede ser una solución.
Por otra parte, ¿cuál es la cara mala de la adopción? ¿Es acaso ser adoptado un estigma social? Quizá hace treinta años o veinte eso pudiera ser así. La vida de un niño adoptado en nada tiene por qué ser sustancialmente distinta a la de los demás que no lo son. Que sus padres biológicos no hayan podido o querido hacerse cargo de él es algo importante, pero, al menos, el niño ha podido tener una vida, ha podido tener, al menos, la opción de ser feliz.
Eso sin contar que ser distinto no es necesariamente malo. Por ejemplo, yo, por mi opción de vida, soy radicalmente distinto a todos los jóvenes de mi generación. Y eso no es malo. Ser diferente no es ser mejor ni peor. Ser diferente es, simplemente, ser uno mismo.
Existen casos, sí, en los que esto pueda ser incluso dudoso. ¿Qué hacemos en un caso resultado de una violación? Ese embarazo es un estigma producido por un acto vil, cobarde y miserable que pone patas arriba toda la vida de la mujer… Pero ni aún así. Un mal nunca puede justificar otro mal.
Un crimen nunca puede justificar otro crimen. Y así como luchamos encarnizadamente contra la pena de muerte, ¿por qué justificar el aborto? ¿No sería un poco el doble rasero? El bebé que vaya a nacer no tiene la culpa… eso sin contar todo lo que he expuesto arriba.