Bueno, al grano
Capitulo 1: El Mayordomo
Spoiler: Ver
-Te dije que debíamos esperar a que parara la lluvia- dijo María con una mirada se rabia a Cesar.
-Ya sabes que Cesar es terco, prefirió salir durante la tormenta para demostrarle a su hermano que podía manejar con este clima- dijo Marco, con cara burlona hacia el pequeño Daniel, que miraba asustado por la ventana del coche.
-El clima no esta tan malo, apenas está empezando a llover, pronto empezara la tormenta y debemos llenar el tanque de gasolina para poder llegar a la ciudad- con esto Cesar trataba de calmar los enojos del grupo, aunque no le estaba saliendo bien…
-¿tendremos que caminar toda la noche? Hace mucho frio, me voy a resfriar- el pequeño Daniel estaba asustado y preocupado, le temía a la oscuridad y era fácil que pescara un resfrió.
-Vamos…. Eres un hombrecito, no le puedes tener miedo a la oscuridad, ¿Cuántos años tienes? ¿12?- Cesar está molesto, no quería desde un principio llevar al hermanito de María con ellos, pero María insistió tanto, tenía que cuidarlo mientras sus padres estaban de viaje en Madrid y no podía dejarlo solo en la casa, y los convenció para que los acompañara.
De pronto cae un rayo a unos metros de donde estaban ellos, cerca de un árbol que se encontraba quemado por un posible incendio que ocurrió hace unas semanas y todos pegaron un grito de susto…
-Ok, ok… tenemos que encontrar un refugio, el chico se va a resfriar y María me va a regañar por eso- Cesar estaba empezando a resfriarse también, aunque no quería admitirlo, también le asustaba la oscuridad (bueno, un poco…)
Marco saco las mochilas del auto, dentro tenían linternas para estas situaciones (María era precavida y guardo algunas porque sabía lo terco que era Cesar)
-Tienen batería para unas horas, si encontramos una casa o algo en medio de la carretera, seremos afortunados. – a Marco le gustaba ser un tipo de líder, y eso le molestaba Cesar, ya que sabía que estaba enamorado de María y a él también le gustaba.
-Lo más seguro es que caminemos por un lado del camino, puede pasar un auto o algo y podrían ayudarnos- Dijo María, tonando de la mano a su hermano.
Caminaron por un rato, que quizás fueron una o dos horas, no estaban seguros de cuánto tiempo habían caminado, hasta que llegaron a un especie de mansión que estaba entre los árboles, aun lado del camino, algo inusual, ya que este terreno estaba explorado y no habían habitantes hasta en el siguiente pueblo, que estaba a unas cuatro horas a pie, además tenía pinta de ser antigua.
-Qué lugar tan extraño, parece de la época colonial, tiene al menos unos 200 años- índico María, que conocía bien este tipo de edificio, ya que estaba haciendo su tesis de la universidad sobre la época colonial.
¿Creen que viva alguien allí? Quizás puedan prestarnos unas habitaciones para pasar la noche- dijo el pequeño Daniel, que estaba muerto de frio.
Lo dudo, esta casa parece deshabitada- dijo Marco
María toco a la puerta y nadie respondía, todos se desaminaron, pero cuando iban a seguir con su viaje, la puerta se abrió y de la casa salió una persona, con una antorcha en la mano.
-¿Qué necesitan?- Preguntó el hombre, que estaba vestido con un traje de mayordomo, era rubio, de ojos verdes, tan verdes que parecía que brillaban en medio de la obscuridad, no aparentaba más de 30 años.
-Bueno, nos preguntábamos si tenía unas habitaciones en las cuales podamos pasar la noche, solo por esta noche, hasta que pase la lluvia- dijo Marco, con cara un poco desconfiada.
-Claro que sí, mi amo está de viaje y tenemos unas habitaciones desocupadas- dijo el mayordomo, con cara alegre, parecía que no tenía visitas durante un largo tiempo.
-muchas gracias- dijo María, con su mirada perdida en eso ojos- pero ¿Cómo se llama usted?
-Me llamo Azathur - dijo el mayordomo, con cara un tanto preocupada.
¿Azathur? Que nombre tan extraño ¿es extranjero?- pregunto Daniel.
-Es un nombre antiguo, muy antiguo, pero no hablemos de eso, deben tener frio, pasen, pasen.
La mansión era hermosa, los muebles eran muy finos, de madera de roble, con ornamentaciones con estilo clásico; en el pasillo central había una lujosa alfombra de color violeta; los muros eran de color marfil con decoraciones de ángeles y querubines, nubes doradas y un rio que fluye desde el cielo hasta un enorme castillo dorado; los cuadros eran de personas de distintas apariencias: ancianos, adultos jóvenes y niños, cada uno vestido con ropas de distintas épocas, unos con estilo colonial, otros parecían sacados de cuentos de piratas y otros con ropas casuales de estos años. La mansión tenía muchos cuartos, la cocina, los baños, una biblioteca, que parecía tener una vasta colección de libros. Aunque no se habían fijado desde afuera (posiblemente por la oscuridad) la mansión tenía un segundo piso, donde el mayordomo les indico que tenían habitaciones desocupadas.
-Pero antes de que duerman ¿les gustaría una copa de vino?- preguntó el mayordomo
Los chicos asintieron, pero antes de que Azathur le diera una copa a Daniel, María le dijo que es muy pequeño para que tome el vino.
-Oh, comprendo, entonces al pequeño le serviré un poco de jugo - Azathur tenía una cara de descontento, cara que Marco notó.
Los chicos después de terminar su vino subieron a sus habitaciones, guiados por el mayordomo.
-Bueno, esta habitación es para los hombres y la de más allá es para la señorita- índico Azathur hacia la habitación que estaba un tanto alejada de la de los chicos.
-Bien, vamos Daniel- María quería que su hermanito durmiera con ella.
-Oh, vamos María, deja que el chico duerma con nosotros, será divertido ¿no, Daniel? – Cesar puso su mano en el hombro del pequeño, le estaba tomando cariño.
-¿Puedo hermana?, me portare bien.
-Vamos, di que si- suplicaron los tres chicos al mismo tiempo.
-Ok, pero cuídenlo, no quiero que lo inciten a hacer algo tonto, los conozco y sé cómo se comportan.
María entro a su habitación, quedo perpleja por la belleza de la cama y de los muebles, la cama tenía sabana de seda y los muebles eran de una madera muy rara y cara. Pero lo que más le llamo la atención, tenía muchos libros de diversos autores, pero abundaba H. P. Lovecraft, al parecer, el amo de la mansión tenía un fanatismo por este escritor.
-No creo que haya problema si hojeó uno o dos libros- pensó María, mientras tomaba el cuento “Dagon”.
Mientras tanto en la habitación de los chicos, ellos ya estaban listos para acostarse, pero a Cesar se le ocurrió que charlaran un rato.
-Ok, ¿no tienes problemas, Daniel?- Pregunto Marco mientras sacaba unas cervezas.
-A María no le gusta que beba, dice que no quiere que termine como ustedes- dijo Daniel, con una sonrisa.
Los dos lo quedaron mirando con enojo, pero después se rieron.
-Hablemos cosas de chicos, Daniel ¿tienes novia?- preguntó Cesar para incomodarlo
-Mmm, encuentro linda a una compañera de curso, se llama Natalia, es un año mayor que yo.
-Este niño no se sonroja con nada, es igual que su hermana- indico Marco mientras abría su cerveza y le daba un jugo a niño.
-A ti te gusta mi hermana, se te nota en la cara- Dijo Daniel, con cara burlona hacia Cesar
¿Y eso qué? No es tu problema, además tengo más posibilidades de conquistarla que Marco- Cesar estaba un poco enojado, además de un poco ebrio.
Marco se sonrojo y Cesar lo miraba con cara arrogante, pero Daniel soltó algo que no les gusto mucho.
¡¿Cómo que tiene novio?! ¿Quién es? ¡Habla pequeño demonio!- dijeron los chicos y se abalanzaron sobre el pequeño, le hacían cosquillas y golpes suaves, se estaban divirtiendo, no les importaba mucho que María tuviera novio, de todos modos, sabían que no tenían posibilidades con ella.
Pero un trueno detuvo la jugarreta, y el horrible grito de María resonó por toda la mansión.
-¡Tenemos que ir a verla, puede estar en peligro!- Los chicos saltaron de la cama y se precipitaron hacia puerta, intentaron abrirla, pero esta no cedía, estaba cerrada con llave por fuera.
-¡Demonios! No abre- Grito Cesar, pero la puerta se abrió de repente y cayeron hacia el pasillo y una figura humana los observaba.
-¡Santo cielo! No deberían jugar juegos bruscos en la habitación, pueden resultar heridos- dijo la anciana que los observaba. Estaba vestida con atuendo de mucama, era obesa y con la cara arrugada y, al igual que Azathur, tenia hermosos ojos verdes, que parecían pequeñas linternas en la oscuridad.
¿Dónde está María, la escuchamos gritar hace poco?-Marco la miraba con cara de enojo, sabía que algo le había pasado y que Azathur tenía algo que ver.
-La señorita se encuentra reposando en el salón principal, el trueno la asusto y debió desmayarse –
-Ya veo, con que eso paso, pero ¿Quién es usted?- preguntó Cesar
-Yo soy la abuela de Azathur, mi nombre es Astarea, y trabajo en esta mansión desde hace mucho, mucho tiempo.
-Entonces, María está bien, no tenemos de que preocuparnos, le pedimos disculpas por el alboroto- se disculpo Marco y les pidió a los demás en volvieran al cuarto.
-¿Están consientes de que no le creo a esa mujer?, tampoco le creo a ese tal Azathur, hay algo que me molesta de él desde que llegamos a esta mansión- Marco estaba consciente de que algo extraño pasaba en esa mansión o, al menos, esa era su impresión.
-Tenemos que ir a investigar, no podemos quedarnos acá sin hacer nada, Marco, tu quédate con Daniel, si me tardo demasiado vienen a buscarme- Cesar salió del cuarto con una linterna, pero Daniel se aferro a él, no quería que fuera solo.
-Oh, vamos hombrecito, no me pasara nada, traeré a tu hermana, nos largaremos de este lugar y luego me puedes seguir contando sobre Natalia- Cesar calma a Daniel y luego le da un pequeño abrazo- Lo prometo-.
Cesar sale del cuarto, camina por el oscuro pasillo ayudado por su linterna, baja las escaleras y camina por el salón principal, tratando de encontrar a María, siente una respiración por su espalda se da vuelta y ve unos ojos verdes que lo observan, era Azathur.
-¿Dónde está María? Sé que la tienes en algún lado- Cesar lo amenaza con un cuchillo que saca de su bolsillo
Pero Azathur ni siquiera se inmuta, simplemente lo mira con sus penetrantes ojos verdes, levanta un brazo y su mano se transforma en un horrible tentáculo negro, asqueroso, de unos 2 metros de largo.
-Solo faltan 98- su tentáculo se desplaza por toda la habitación, Cesar intenta evitarlo pero es demasiado rápido y el tentáculo se clava en su pecho, sacando su corazón.
-¿escuchaste eso?- preguntó Daniel, muy inquieto.
-Claro que si, quédate aquí, yo bajare ahora- Marco busca su linterna pero Daniel intenta detenerlo.
-No puedes ir solo, yo te acompañare, si algo malo le pasó a mi hermana y a Cesar, yo….
Pero Marco le da un puñetazo en la cara y lo deja inconsciente.
Pasan unos minutos y Daniel se despierta, está confundido, no sabe cuánto tiempo ha pasado, o si sus amigos están bien.
-Debo bajar yo ahora-
Daniel toma la ultima linterna, que está a punto de descargarse, sale de la habitación, pero en vez de ir al salón de abajo, abre la puerta de la habitación donde estaba su hermana, lo que ve es espantoso y lo marcara de por vida: su hermana esta tendida sobre la cama de sabanas seda, toda machada de sangre y con un agujero en su pecho y con un libro en su mano.
El pequeño sale corriendo de la habitación, corre tan rápido que rueda por la escalera al intentar bajar. Luego de levantarse camina por el salón principal, alumbra las paredes y se da cuenta de que en un muro hay un gran espejo y a su lado está escrito el numero 97 con sangre. Del susto da un paso hacia atrás y se tropieza con algo: eran los cuerpos de Cesar y Marco que, al igual que su hermana, no tienen corazón.
-¿Pero… por qué?- Daniel está a punto de llorar, pero los ojos de Azathur aparecen a un lado de los cuerpos y su figura lo observa, con una sonrisa macabra, el monstruo se levanta y con su tentáculo atrapa a Daniel y lo atrae hacia él.
-Tienes suerte- le susurra Azathur a su oído y lo deja en el suelo.
La puerta principal de la mansión se abre de golpe y el monstruo con una patada lanza al niño fuera de la mansión.
Azathur camina hacia el espejo y habla en un idioma incomprensible. El espejo se rompe y un agujero oscuro ocupa su lugar.
¿Cómo vas con la recolecta, “Azathur”?- pregunta una voz macabra, con un todo de superioridad que indica esta en igualdad con Azathur
-La recolecta empezó bien, hermano. Ya son 3 corazones, pero no pude matar a un niño, no bebió el vino.
-Ahh, ya veo, entonces quedan 97 corazones, el juego apenas está empezando, yo me encargare de juntar las 100 almas con mis “juegos”, después de todo, estos seres son muy estúpidos, me será fácil, pero no tenemos porque apresurarnos, el trono no se moverá de donde esta-.
-"El Rey que esta por sobre el Cielo" no sabrá nada al respecto, no sabrá que lo golpeo, y cuando recién se dé cuenta, será demasiado tarde, hermano, nos haremos con el poder y haremos lo que queramos con este asqueroso mundo y con el mio y con el tuyo haremos lo mismo.
Cuenta atrás: 97 corazones y 100 almas……
-Ya sabes que Cesar es terco, prefirió salir durante la tormenta para demostrarle a su hermano que podía manejar con este clima- dijo Marco, con cara burlona hacia el pequeño Daniel, que miraba asustado por la ventana del coche.
-El clima no esta tan malo, apenas está empezando a llover, pronto empezara la tormenta y debemos llenar el tanque de gasolina para poder llegar a la ciudad- con esto Cesar trataba de calmar los enojos del grupo, aunque no le estaba saliendo bien…
-¿tendremos que caminar toda la noche? Hace mucho frio, me voy a resfriar- el pequeño Daniel estaba asustado y preocupado, le temía a la oscuridad y era fácil que pescara un resfrió.
-Vamos…. Eres un hombrecito, no le puedes tener miedo a la oscuridad, ¿Cuántos años tienes? ¿12?- Cesar está molesto, no quería desde un principio llevar al hermanito de María con ellos, pero María insistió tanto, tenía que cuidarlo mientras sus padres estaban de viaje en Madrid y no podía dejarlo solo en la casa, y los convenció para que los acompañara.
De pronto cae un rayo a unos metros de donde estaban ellos, cerca de un árbol que se encontraba quemado por un posible incendio que ocurrió hace unas semanas y todos pegaron un grito de susto…
-Ok, ok… tenemos que encontrar un refugio, el chico se va a resfriar y María me va a regañar por eso- Cesar estaba empezando a resfriarse también, aunque no quería admitirlo, también le asustaba la oscuridad (bueno, un poco…)
Marco saco las mochilas del auto, dentro tenían linternas para estas situaciones (María era precavida y guardo algunas porque sabía lo terco que era Cesar)
-Tienen batería para unas horas, si encontramos una casa o algo en medio de la carretera, seremos afortunados. – a Marco le gustaba ser un tipo de líder, y eso le molestaba Cesar, ya que sabía que estaba enamorado de María y a él también le gustaba.
-Lo más seguro es que caminemos por un lado del camino, puede pasar un auto o algo y podrían ayudarnos- Dijo María, tonando de la mano a su hermano.
Caminaron por un rato, que quizás fueron una o dos horas, no estaban seguros de cuánto tiempo habían caminado, hasta que llegaron a un especie de mansión que estaba entre los árboles, aun lado del camino, algo inusual, ya que este terreno estaba explorado y no habían habitantes hasta en el siguiente pueblo, que estaba a unas cuatro horas a pie, además tenía pinta de ser antigua.
-Qué lugar tan extraño, parece de la época colonial, tiene al menos unos 200 años- índico María, que conocía bien este tipo de edificio, ya que estaba haciendo su tesis de la universidad sobre la época colonial.
¿Creen que viva alguien allí? Quizás puedan prestarnos unas habitaciones para pasar la noche- dijo el pequeño Daniel, que estaba muerto de frio.
Lo dudo, esta casa parece deshabitada- dijo Marco
María toco a la puerta y nadie respondía, todos se desaminaron, pero cuando iban a seguir con su viaje, la puerta se abrió y de la casa salió una persona, con una antorcha en la mano.
-¿Qué necesitan?- Preguntó el hombre, que estaba vestido con un traje de mayordomo, era rubio, de ojos verdes, tan verdes que parecía que brillaban en medio de la obscuridad, no aparentaba más de 30 años.
-Bueno, nos preguntábamos si tenía unas habitaciones en las cuales podamos pasar la noche, solo por esta noche, hasta que pase la lluvia- dijo Marco, con cara un poco desconfiada.
-Claro que sí, mi amo está de viaje y tenemos unas habitaciones desocupadas- dijo el mayordomo, con cara alegre, parecía que no tenía visitas durante un largo tiempo.
-muchas gracias- dijo María, con su mirada perdida en eso ojos- pero ¿Cómo se llama usted?
-Me llamo Azathur - dijo el mayordomo, con cara un tanto preocupada.
¿Azathur? Que nombre tan extraño ¿es extranjero?- pregunto Daniel.
-Es un nombre antiguo, muy antiguo, pero no hablemos de eso, deben tener frio, pasen, pasen.
La mansión era hermosa, los muebles eran muy finos, de madera de roble, con ornamentaciones con estilo clásico; en el pasillo central había una lujosa alfombra de color violeta; los muros eran de color marfil con decoraciones de ángeles y querubines, nubes doradas y un rio que fluye desde el cielo hasta un enorme castillo dorado; los cuadros eran de personas de distintas apariencias: ancianos, adultos jóvenes y niños, cada uno vestido con ropas de distintas épocas, unos con estilo colonial, otros parecían sacados de cuentos de piratas y otros con ropas casuales de estos años. La mansión tenía muchos cuartos, la cocina, los baños, una biblioteca, que parecía tener una vasta colección de libros. Aunque no se habían fijado desde afuera (posiblemente por la oscuridad) la mansión tenía un segundo piso, donde el mayordomo les indico que tenían habitaciones desocupadas.
-Pero antes de que duerman ¿les gustaría una copa de vino?- preguntó el mayordomo
Los chicos asintieron, pero antes de que Azathur le diera una copa a Daniel, María le dijo que es muy pequeño para que tome el vino.
-Oh, comprendo, entonces al pequeño le serviré un poco de jugo - Azathur tenía una cara de descontento, cara que Marco notó.
Los chicos después de terminar su vino subieron a sus habitaciones, guiados por el mayordomo.
-Bueno, esta habitación es para los hombres y la de más allá es para la señorita- índico Azathur hacia la habitación que estaba un tanto alejada de la de los chicos.
-Bien, vamos Daniel- María quería que su hermanito durmiera con ella.
-Oh, vamos María, deja que el chico duerma con nosotros, será divertido ¿no, Daniel? – Cesar puso su mano en el hombro del pequeño, le estaba tomando cariño.
-¿Puedo hermana?, me portare bien.
-Vamos, di que si- suplicaron los tres chicos al mismo tiempo.
-Ok, pero cuídenlo, no quiero que lo inciten a hacer algo tonto, los conozco y sé cómo se comportan.
María entro a su habitación, quedo perpleja por la belleza de la cama y de los muebles, la cama tenía sabana de seda y los muebles eran de una madera muy rara y cara. Pero lo que más le llamo la atención, tenía muchos libros de diversos autores, pero abundaba H. P. Lovecraft, al parecer, el amo de la mansión tenía un fanatismo por este escritor.
-No creo que haya problema si hojeó uno o dos libros- pensó María, mientras tomaba el cuento “Dagon”.
Mientras tanto en la habitación de los chicos, ellos ya estaban listos para acostarse, pero a Cesar se le ocurrió que charlaran un rato.
-Ok, ¿no tienes problemas, Daniel?- Pregunto Marco mientras sacaba unas cervezas.
-A María no le gusta que beba, dice que no quiere que termine como ustedes- dijo Daniel, con una sonrisa.
Los dos lo quedaron mirando con enojo, pero después se rieron.
-Hablemos cosas de chicos, Daniel ¿tienes novia?- preguntó Cesar para incomodarlo
-Mmm, encuentro linda a una compañera de curso, se llama Natalia, es un año mayor que yo.
-Este niño no se sonroja con nada, es igual que su hermana- indico Marco mientras abría su cerveza y le daba un jugo a niño.
-A ti te gusta mi hermana, se te nota en la cara- Dijo Daniel, con cara burlona hacia Cesar
¿Y eso qué? No es tu problema, además tengo más posibilidades de conquistarla que Marco- Cesar estaba un poco enojado, además de un poco ebrio.
Marco se sonrojo y Cesar lo miraba con cara arrogante, pero Daniel soltó algo que no les gusto mucho.
¡¿Cómo que tiene novio?! ¿Quién es? ¡Habla pequeño demonio!- dijeron los chicos y se abalanzaron sobre el pequeño, le hacían cosquillas y golpes suaves, se estaban divirtiendo, no les importaba mucho que María tuviera novio, de todos modos, sabían que no tenían posibilidades con ella.
Pero un trueno detuvo la jugarreta, y el horrible grito de María resonó por toda la mansión.
-¡Tenemos que ir a verla, puede estar en peligro!- Los chicos saltaron de la cama y se precipitaron hacia puerta, intentaron abrirla, pero esta no cedía, estaba cerrada con llave por fuera.
-¡Demonios! No abre- Grito Cesar, pero la puerta se abrió de repente y cayeron hacia el pasillo y una figura humana los observaba.
-¡Santo cielo! No deberían jugar juegos bruscos en la habitación, pueden resultar heridos- dijo la anciana que los observaba. Estaba vestida con atuendo de mucama, era obesa y con la cara arrugada y, al igual que Azathur, tenia hermosos ojos verdes, que parecían pequeñas linternas en la oscuridad.
¿Dónde está María, la escuchamos gritar hace poco?-Marco la miraba con cara de enojo, sabía que algo le había pasado y que Azathur tenía algo que ver.
-La señorita se encuentra reposando en el salón principal, el trueno la asusto y debió desmayarse –
-Ya veo, con que eso paso, pero ¿Quién es usted?- preguntó Cesar
-Yo soy la abuela de Azathur, mi nombre es Astarea, y trabajo en esta mansión desde hace mucho, mucho tiempo.
-Entonces, María está bien, no tenemos de que preocuparnos, le pedimos disculpas por el alboroto- se disculpo Marco y les pidió a los demás en volvieran al cuarto.
-¿Están consientes de que no le creo a esa mujer?, tampoco le creo a ese tal Azathur, hay algo que me molesta de él desde que llegamos a esta mansión- Marco estaba consciente de que algo extraño pasaba en esa mansión o, al menos, esa era su impresión.
-Tenemos que ir a investigar, no podemos quedarnos acá sin hacer nada, Marco, tu quédate con Daniel, si me tardo demasiado vienen a buscarme- Cesar salió del cuarto con una linterna, pero Daniel se aferro a él, no quería que fuera solo.
-Oh, vamos hombrecito, no me pasara nada, traeré a tu hermana, nos largaremos de este lugar y luego me puedes seguir contando sobre Natalia- Cesar calma a Daniel y luego le da un pequeño abrazo- Lo prometo-.
Cesar sale del cuarto, camina por el oscuro pasillo ayudado por su linterna, baja las escaleras y camina por el salón principal, tratando de encontrar a María, siente una respiración por su espalda se da vuelta y ve unos ojos verdes que lo observan, era Azathur.
-¿Dónde está María? Sé que la tienes en algún lado- Cesar lo amenaza con un cuchillo que saca de su bolsillo
Pero Azathur ni siquiera se inmuta, simplemente lo mira con sus penetrantes ojos verdes, levanta un brazo y su mano se transforma en un horrible tentáculo negro, asqueroso, de unos 2 metros de largo.
-Solo faltan 98- su tentáculo se desplaza por toda la habitación, Cesar intenta evitarlo pero es demasiado rápido y el tentáculo se clava en su pecho, sacando su corazón.
-¿escuchaste eso?- preguntó Daniel, muy inquieto.
-Claro que si, quédate aquí, yo bajare ahora- Marco busca su linterna pero Daniel intenta detenerlo.
-No puedes ir solo, yo te acompañare, si algo malo le pasó a mi hermana y a Cesar, yo….
Pero Marco le da un puñetazo en la cara y lo deja inconsciente.
Pasan unos minutos y Daniel se despierta, está confundido, no sabe cuánto tiempo ha pasado, o si sus amigos están bien.
-Debo bajar yo ahora-
Daniel toma la ultima linterna, que está a punto de descargarse, sale de la habitación, pero en vez de ir al salón de abajo, abre la puerta de la habitación donde estaba su hermana, lo que ve es espantoso y lo marcara de por vida: su hermana esta tendida sobre la cama de sabanas seda, toda machada de sangre y con un agujero en su pecho y con un libro en su mano.
El pequeño sale corriendo de la habitación, corre tan rápido que rueda por la escalera al intentar bajar. Luego de levantarse camina por el salón principal, alumbra las paredes y se da cuenta de que en un muro hay un gran espejo y a su lado está escrito el numero 97 con sangre. Del susto da un paso hacia atrás y se tropieza con algo: eran los cuerpos de Cesar y Marco que, al igual que su hermana, no tienen corazón.
-¿Pero… por qué?- Daniel está a punto de llorar, pero los ojos de Azathur aparecen a un lado de los cuerpos y su figura lo observa, con una sonrisa macabra, el monstruo se levanta y con su tentáculo atrapa a Daniel y lo atrae hacia él.
-Tienes suerte- le susurra Azathur a su oído y lo deja en el suelo.
La puerta principal de la mansión se abre de golpe y el monstruo con una patada lanza al niño fuera de la mansión.
Azathur camina hacia el espejo y habla en un idioma incomprensible. El espejo se rompe y un agujero oscuro ocupa su lugar.
¿Cómo vas con la recolecta, “Azathur”?- pregunta una voz macabra, con un todo de superioridad que indica esta en igualdad con Azathur
-La recolecta empezó bien, hermano. Ya son 3 corazones, pero no pude matar a un niño, no bebió el vino.
-Ahh, ya veo, entonces quedan 97 corazones, el juego apenas está empezando, yo me encargare de juntar las 100 almas con mis “juegos”, después de todo, estos seres son muy estúpidos, me será fácil, pero no tenemos porque apresurarnos, el trono no se moverá de donde esta-.
-"El Rey que esta por sobre el Cielo" no sabrá nada al respecto, no sabrá que lo golpeo, y cuando recién se dé cuenta, será demasiado tarde, hermano, nos haremos con el poder y haremos lo que queramos con este asqueroso mundo y con el mio y con el tuyo haremos lo mismo.
Cuenta atrás: 97 corazones y 100 almas……
Espero que haya sido de su agrado














